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La mora en el NOA se dispara y golpea más a los jóvenes

Un informe reveló que el 26,9% de las personas endeudadas ya acumula incumplimientos prolongados. En el norte argentino, la caída del consumo y el freno de las economías regionales agravan el escenario.

 

La mora dejó de ser un indicador reservado al sistema financiero para convertirse en una señal directa del deterioro económico que atraviesan miles de hogares. Según un informe de la consultora Analytica sobre crédito a familias correspondiente a abril, el 26,9% de las personas con algún tipo de deuda registra mora tardía —incumplimientos superiores a los 90 o 120 días—. En términos concretos, son 5,3 millones de argentinos que ya no logran sostener sus compromisos financieros.

Aunque el fenómeno alcanza a todo el país, el norte argentino aparece entre las regiones más expuestas. Provincias como La Rioja y Catamarca figuran entre las de mayor nivel de morosidad, mientras que otras como Santiago del Estero, Corrientes y Jujuy muestran bajos niveles de acceso al crédito formal, una situación que muchas veces empuja a familias y trabajadores hacia mecanismos de financiamiento más costosos o con menor regulación.

El informe incorpora una mirada más amplia del endeudamiento y analiza no sólo a los bancos tradicionales, sino también a fintech, billeteras virtuales, mutuales, cooperativas, tarjetas de consumo, cadenas de electrodomésticos y fideicomisos financieros. Allí aparece uno de los datos más preocupantes: mientras la irregularidad de cartera bancaria se ubica en 11,9%, en las fintech asciende al 21,6% y en otras entidades no financieras escala hasta el 43,1%. Entre quienes sólo mantienen deudas fuera del sistema bancario tradicional, la mora alcanza niveles extremos.

El segmento más afectado es el de los jóvenes. Entre quienes tienen entre 18 y 30 años, el incumplimiento llega al 39% en hombres y al 38,1% en mujeres. El fenómeno aparece asociado a mayores dificultades para insertarse laboralmente, salarios que pierden capacidad de compra, empleos más inestables y una creciente dependencia del crédito para afrontar gastos cotidianos.

En diálogo con Nuevo Diario, el economista salteño Juan Pablo López López sostuvo que el deterioro viene profundizándose desde hace aproximadamente dos años y lo vinculó directamente con la pérdida del poder adquisitivo. Según explicó, durante un tiempo el sistema financiero sostuvo expectativas de mejora en los ingresos de las familias, pero el escenario económico terminó mostrando una realidad distinta, especialmente en sectores intensivos en empleo como el comercio y la industria.

El impacto adquiere otra dimensión en las provincias del interior, donde el consumo local y las actividades regionales tienen un peso decisivo. López López remarcó que la paralización de la obra pública eliminó uno de los principales motores económicos para muchas jurisdicciones y que la desaceleración golpea especialmente a territorios donde el empleo depende del comercio, los servicios y la actividad estatal.

En Salta, el escenario también empieza a reflejar esas tensiones. Sectores vinculados al turismo, la gastronomía y los servicios muestran señales de menor actividad, con efectos directos sobre el consumo y los ingresos familiares. En ese contexto, la mora deja de ser sólo una estadística financiera: pasa a mostrar el límite entre ingresos que ya no alcanzan, deudas acumuladas y una economía regional que pierde dinamismo.

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