N. de r.
De manera sorpresiva la Jueza Federal María Servini (que cubría) decidió la intervención judicial del Partido Justicialista de Salta, que ya atravesaba por un proceso de intervención partidaria desde hace más de dos años. Este nuevo episodio no pone fin a la novela y se esperan nuevas derivaciones en caso de que los apoderados nacionales, de perfil kirchnerista, apelen la medida y generen nueva incertidumbre. El nuevo encargado de normalizar esta fuerza es José Luis Napoleón Gambetta, uno de los operadores políticos de Juan Romero. Todo hace presagiar que el peronismo local continuará en caída libre y ya existen dudas concretas sobre su participación en las elecciones de 2027. Todo parece beneficiar al gobierno libertario, y de refilón, al saencismo que mira con nostalgia la sede de calle Zuviría.
La decisión de Servini (que cubría) está emparentada con la intervención judicial que dispuso hace más de un mes el Juez Federal de Jujuy al peronismo de esa provincia, y que culminó con el nombramiento del ex ministro de gobierno salteño Ricardo Villada.
Los que leen bajo el agua ya interpretan que la aparición de Gambetta en calle Zuviría tendría como base un primer acuerdo entre el jefe del romerato y ex senador con el gobernador Gustavo Sáenz que siempre se ha quejado de la manipulación y copamiento del partido del que fue miembro y titular de la JP hasta que Juan Urtubey lo traicionó cuando compitió por la senaduría provincial de la capital y terminó derrotado por el Partido Obrero que postuló a Gabriela Cerrano en 2011.
Los que pidieron la intervención son todos saencistas extirpados del peronismo y sometidos a crónicas intervenciones partidarias decididas por el Congreso Nacional que domina el kirchnerismo.Sáenz tenía sobrados motivos para buscar una intervención considerando que el ex gobernador, dolido por haber perdido la diputación nacional en octubre de 2025 ventiló al que quería oír que toda su energía política se destinaría a conformar una fuerza antisaencista que dividiera el tablero político salteño de manera suficiente como para frustrar su intento reeleccionario. De allí que fortaleció su acuerdo con Cristina viuda de Kirchner y logró imponer hace un par de meses a Pablo Kosiner como interventor partidario. La amenaza era explícita y ahora se ha puesto en evidencia la reacción con indudable habilidad política.
Nadie desconoce que Milei quiere poner el último clavo al féretro kirchnerista y que para ello es necesario destruir la nave insignia de su estructura político-partidaria y las operaciones que se realizan en los despachos de los jueces electorales van en el mismo sentido. Solo de esta manera se explica la identidad de quienes son los nuevos interventores.
No asombra tanto que la justicia se inmiscuya en la vida política de una fuerza partidaria -ha ocurrido siempre- sino las personas a quienes se les encomienda la tarea de emprolijarla. ¿Cuál es el vínculo de Villada con el peronismo de la vecina Jujuy? ¿Cuál el perfil que puede aprovecharse de Gambetta, que alguna vez fue presidente de la Union Civica Radical salteña y luego pasó con familia y todo al gobierno del romerato de los noventa para finalmente aterrizar en el gobierno municipal de Bettina Romero que hoy hace pintadas anoticiando a los ciudadanos que integra el movimiento político que tiene como líder a Javier Milei? Las huellas digitales de Javier Milei, Juan Romero y Gustavo Sáenz podrían encontrarse en cada página de la polémica sentencia.
Tanto en Jujuy como en Salta poco podría esperarse de ellos si sus nuevos roles exigen iniciar diálogos o definir posiciones políticas en movimientos que durante dos décadas mostraron inclinación abierta hacia el kirchnerismo.¿Pueden Villada y Gambetta exhibir credenciales que les den autoridad política cuando en los últimos años confrontaron abiertamente con el peronismo?
Alguien se imagina quien le llevó el nombre de Gambetta a María Romilda Servini cuando este dirigente avinagrado por el tiempo nunca tuvo contacto con ella? Es llamativo que un juez designe a alguien para un cargo de esta naturaleza sin que mencione qué virtudes o atributos lo condujeron a imponerle semejante responsabilidad. Lo mismo podría preguntarse de Villada, que desde que integró el “sanmillanismo” hace más de veinte años no tuvo contacto alguno con los justicialistas. En Salta, luego de pasar por las filas del romerato prefirió fundar el partido “Primero Salta” del que sigue siendo presidente. Debería ser obligatorio que los interventores de una fuerza sean también afiliados partidarios.
Los que pidieron la intervención fueron Esteban «Tuty» Amat -Presidente de la Cámara de Diputados- con la asistencia de los abogados peronistas Raúl Medina y Guillermo Ramos. Despertó curiosidad que en el 13 de Mayo se presentaran a pedir una nueva intervención Gastón Galindez y Nancy del Valle Montero en carácter de afiliados. Un rumor que corre con intensidad impuso la versión de que “Tuty” Amat habría presentado su renuncia a la afiliación peronista y que ahora preside el partido “Salta para Todos” que fundó hace unos años Ignacio Jarsún. Al parecer, no todos están convencidos de la pelea por un peronismo que sigue cayendo por el tobogán. La intervención todavía necesita que Gambetta acepte meterse en esta bolsa de gatos.

