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La Copa de la Nafta: campeones del mundo en pagar más

Hay noticias que deberían venir con advertencia sanitaria. No por lo que informan, sino por la presión arterial que pueden provocar. Una de ellas apareció este lunes: la nafta aumentó un 24,3% en dólares desde que comenzó la guerra entre Irán y Estados Unidos. Y Argentina lidera cómodamente el ranking regional de aumentos.

Una pregunta elemental surge desde la ignorancia de cualquier vecino que hace fila en la estación de servicio: ¿qué tenemos que ver nosotros con esa guerra si somos productores y exportadores de petróleo?

La respuesta parece ser que tenemos muchísimo que ver. Tan muchísimo que, mientras Ecuador aumentó 14,7%, México 10,7%, Brasil 4,9% y Colombia 1,9%, Argentina decidió no quedarse atrás y ganar la competencia por goleada. Si existiera una Copa América de aumentos de combustibles, ya estaríamos dando la vuelta olímpica con la camiseta puesta.

Lo curioso es que el mismo informe destaca que el sector petrolero triplicó el ingreso de dólares. Es decir, entra más plata que antes. Pero el combustible también cuesta más que antes. Una combinación fascinante: cuando el negocio va mal, aumentan porque pierden; cuando va bien, aumentan porque ganan.

La lógica es tan sofisticada que escapa a la comprensión del ciudadano común. Porque si el petróleo sube en el mundo, la nafta aumenta. Si baja, también aumenta para «corregir precios relativos». Si hay guerra, aumenta. Si hay paz, se actualiza. Si el dólar sube, aumenta. Si el dólar baja, se acomoda. Lo único que parece no aumentar nunca es la paciencia del consumidor.

La nota agrega otro dato extraordinario: los argentinos pagan el litro de nafta un 23% más caro que en Estados Unidos y un 6% más caro que en Brasil. Conviene detenerse un segundo en esa comparación. Estados Unidos es la principal potencia militar del planeta, participa directamente en el conflicto y está a miles de kilómetros de nosotros. Sin embargo, allá pagan menos.

Nosotros estamos lejos de los bombardeos, lejos de los portaaviones y lejos de las decisiones geopolíticas que desencadenan el conflicto. Pero a la hora de pasar por caja, pareciera que tenemos asiento preferencial en la primera fila de la guerra.

Mientras tanto, la discusión pública intenta convencernos de que todo esto es inevitable. Que el mercado habla. Que los precios internacionales mandan. Que así funcionan las cosas.

Lo que nadie explica es por qué, cuando se trata de repartir beneficios, Argentina suele quedar lejos del podio, pero cuando llega el momento de repartir costos aparece automáticamente en el primer puesto.

Quizás sea una nueva especialidad nacional. No exportamos solamente petróleo. Exportamos sentido común e importamos excusas.

Y así seguimos, celebrando récords que nadie pidió, liderando rankings que nadie quiere ganar y pagando una nafta cada vez más cara para financiar una guerra que ocurre a miles de kilómetros de distancia.

Al menos nos queda el consuelo estadístico: una vez más, somos campeones. Aunque esta vez el trofeo venga lleno de combustible y la factura la paguen los de siempre.

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