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La copa de la mala leche

El escándalo desatado meses atrás por la compra directa de leche a la empresa Prolacsa S.A. está lejos de serenarse. A la sobreactuada indignación de los diputados de Juntos por el Cambio, Martín Grande Durand y Virginia Cornejo, se suma un pesado antecedente de la empresa que perdió la adjudicación, cuyos rastros fueron eliminados de todo registro. Por Nicolás Bignante

Casi en paralelo al desarrollo de la contratación abreviada que suscitó la ira de los referentes macristas, la Cooperativa Salteña de Tamberos Ltda (Cosalta) fue blanco de uno de los más grandes decomisos de su historia.

La polémica vio la luz cuando la administración provincial decidió adjudicar la provisión de leche por un mes a la empresa Prolacsa, que ofreció el litro a $94,38, mientras que la empresa Cosalta proponía cobrar entre $72 y $75 por litro. La diferencia de precios tuvo que ver con una solicitud de los ejecutores del programa «Copa de leche»: Por cuestiones de logística y conservación vinculadas al desarrollo de la pandemia, se requería leche larga vida envasada en tetrabrick, producto que sólo fue ofrecido por Prolacsa. Fue entonces que, por tratarse de dos productos distintos, se adoptó la modalidad de contratación abreviada, se postergó la licitación por dos meses y se compraron 84 mil litros de leche por un valor de $7,9 millones.

La empresa Cosalta, proveedora durante muchos años del programa cuando estaba bajo la órbita de la Cooperadora Asistencial de la Capital, alegó desconocer dicha exigencia y que los términos no figuraban en el llamado a adjudicación. El reclamo tuvo a Grande Durand como uno de sus más fervorosos amplificadores, aunque son muchos los que aseguran que detrás de sus histriónicas editoriales se enconden otros intereses.

 

Los hechos

En abril de este año, la Dirección de Seguridad Alimentaria de San Salvador de Jujuy requiríó a la Unidad Bromatológica Provincial (SUNIBROM) el análisis microbiológico de productos lácteos provenientes de Salta. Se trataba de 70 unidades de queso tipo criollo de 1.150 gr. cada uno sin rotulación, fecha de elaboración, ni procedencia. En la parte superior de cada horma apenas se podía vislumbrar un sello borroso con la marca Cosalta.

Los resultados de aquellos análisis fueron contundentes. En el control de rotulado se remarca la ausencia de datos sobre: elaborador, lote, inscripción en el Registro Nacional de Establecimientos (RNE) y en el Registro Nacional de Productos Alimenticios (RNPA). El análisis de aptitud, por otro lado, destaca que el producto «no se ajusta a los parámetros microbiológicos del inciso 6D del artículo 605 del capítulo VIII del Código Alimentario Argentino».

El cargamento en estado de descomposición fue detectado por la policía jujeña, evitando así su comercialización y las posibles consecuencias en consumidores, tales como: gastroenteritis, diarrea o la transmisión de bacterias como listeria, brucella y salmonella. Pero el grueso del decomiso tendría lugar días más tarde en la planta de la cooperativa emplazada sobre Av. Chile. Según confirmaron a este medio fuentes del área de bromatología del ministerio de Salud, luego del decomiso jujeño se ordenó una inspección en la cámara de frío de Cosalta que derivó en el secuestro de la totalidad de los productos lácteos allí almacenados. Un decomiso de dimensiones incalculables.

Llamativamente (o no) los secuestros realizados a la empresa tanto en Salta como en Jujuy no se encuentran asentados en los registros de ANMAT tal como dispone la ley. En cada procedimiento de retiro de alimentos clase I, se recomienda la comunicación con el público consumidor. Para esto se establece que: «Deberá valorarse la publicación en medios de comunicación masiva o la comunicación con determinados segmentos de la población (asociaciones de profesionales, hospitales, asociaciones de consumidores, etc.)».

 

El acting de Martín

«En el día mundial de la leche visitamos Cosalta, empresa láctea orgullo de los salteños, que comercializa productos de 1° calidad. Los estados provinciales y nacional deben apoyar más a nuestras empresas que tienen un tremendo potencial de generación de empleos y divisas», escribió Grande Durand en Twitter el 1 de junio pasado. No quedó claro si lo hizo en calidad de legislador o de publicista, aunque claramente se anticipaba a una seguidilla de acciones tendientes a confirmar el lazo que lo une a la compañía láctea.

Entre las omisiones del posteo del legislador resalta su parentesco con uno de los gerentes de la empresa, su primo José Antonio Solezzi Durand. Esto no impidió, sin embargo, que el planteo sea llevado a la cámara de diputados y que se anticipen presentaciones judiciales. Tampoco faltaron las visitas guiadas a la planta, las fotos y publicaciones de rigor. Eso sí, en sus encendidas editoriales matutinas no hubo una sola alusión al intento de la empresa de comercializar productos en estado de descomposición.

 

Cuestión de envases

En los pliegos del llamado a licitación para los próximos cinco meses se solicita específicamente que la leche sea envasada en «tetrabrick o envase similar» (botella de plástico, por ejemplo); esto se fundamenta en los requisitos de logística y conservación. En el primer caso, el despacho de unidades a través de pallets permite trasladar el producto una vez al mes, ahorrándose así los costos de envío diario que exigen los sachet. La conservación del envase tetrabrick, por su parte, permite almacenar las unidades sin contar con refrigerador y tener ciertas garantías ante una eventual suspensión de las clases presenciales.

Un informe del Centro de la industria lechera argentina (CIL) destaca que, en el caso de la leche envasada en sachet, la ultrapasteurización se realiza a 138°C por 2 seg. Posteriormente, la leche se refrigera rápidamente a 2 – 8º C y tiene una vida útil de hasta 30 días antes de su apertura y consumo. Una vez abierta y en su propio envase, almacenada en heladera con temperaturas de 2 – 8º C se mantiene apta hasta 2 días.

La diferencia de conservación con la leche Larga Vida (UAT) es sustancial. En este caso, «se recurre al envasado en envases especiales asépticos de varias capas que protegen sanitariamente, de la luz y que impiden el intercambio gaseoso con el aire del ambiente. Estas características del envase y el proceso que realiza la envasadora inmediata previo al envasado, sumado al cierre en ambiente estéril del envase aseguran una vida útil de la leche, sin cadena de frío, de hasta 180 días».

 

Algo huele mal…

La Cooperativa Salteña de Tamberos Ltda (Cosalta) tiene más de 60 años de existencia en la ciudad de Salta. A lo largo de esos años, los cambios demográficos y ambientales obligaron a la revisión de ciertas prácticas como el derrame de desechos en el río Arenales. Al no estar emplazada en el Parque Industrial, la planta vierte buena parte de esos residuos en el sistema cloacal, algo que sufren a diario los vecinos de barriadas como Casino, Docente, Villa Palacios y San Antonio.