La ciencia investiga a la Naegleria fowleri, la famosa ameba come cerebros, capaz de provocar una infección gravísima cuando ingresa al organismo por la nariz. Hasta ahora, nadie demostró que pueda transmitirse por televisión, redes sociales o cadenas de WhatsApp. Tampoco hay estudios que expliquen si sobrevive a una entrevista presidencial. Sin embargo, ante la persistencia de algunos seguidores de Javier Milei, incluso después de una gestión que acumula motivos para el descontento, la hipótesis merece al menos una revisión bibliográfica. ¿Y si el fenómeno no fuera estrictamente político, sino parasitológico?
La teoría permitiría explicar por qué hay quienes defienden cualquier medida del Gobierno, aunque les complique el sueldo, el trabajo o la vida cotidiana. La ameba, por supuesto, no tiene ninguna responsabilidad en el ajuste, la caída del consumo ni el deterioro de los ingresos. Tampoco el presidente puede ser acusado de favorecer su propagación sin evidencia científica. Pero entre los recortes, los insultos y las promesas de prosperidad que siempre parecen estar a la vuelta de la esquina, alguien debería investigar si existe una relación entre la pérdida de poder adquisitivo y la suspensión voluntaria del pensamiento crítico.
Por ahora, la comunidad científica no tiene pruebas de que la Naegleria fowleri explique la adhesión política a Milei. La explicación más probable sigue siendo bastante menos exótica: convicciones ideológicas, rechazo a las alternativas, expectativas de recuperación económica o la dificultad de admitir que uno se equivocó. Aunque, si la ameba llegara a confirmar su participación, habría que reconocerle al menos una virtud: sería el primer organismo microscópico capaz de sobrevivir a semejante experimento económico sin necesitar un préstamo del FMI.

