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Inexactitudes sobre Güemes: Las Memorias del General José María Paz

 

Martín Miguel Güemes Arruabarrena

 

Dice Paz: “(…) Por este tiempo apareció un caudillo que después fue célebre en la guerra civil y en la gloriosa resistencia que hizo a los españoles la provincia de Salta. Hablo de don Martín Miguel de Güemes, simple comandante de milicias, colocado en la frontera norte por el General San Martín”. Decimos nosotros: es notable la ignorancia de Paz, sobre la actuación de Güemes anterior a 1814; en primer lugar, Güemes, no Paz, había iniciado la carrera militar a los 13 años, en el Regimiento Fijo instalado en la Intendencia de Salta del Tucumán. Luego, a pedido del Virrey Cisneros, pasa a Buenos Aires a completar sus estudios militares, de acuerdo al rango social que detentaba. En la Capital del Virreinato del Río de la Plata sería premiado por el Rey Carlos IV, por destacarse en la represión del contrabando inglés, en la zona del Río Las Conchas, por donde penetraban los británicos llevando mercadería a la ciudad porteña. Es de recordar, que su misión le fue encomendada por la honrada foja de servicios que detentaba. En la Defensa y Reconquista de Buenos Aires, tuvo destacada actuación militar, cumpliendo delicadas misiones, y tomando un barco a caballo en el Río de la Plata (la fragata Justina, con una tripulación de 120 hombres, dotada de 26 cañones). Premiado nuevamente, esta vez por el Virrey Liniers, con el título: Al Reconquistador y Defensor de Buenos Aires (donado por la familia Güemes al museo del Regimiento V de Caballería General Martín Miguel de Güemes, en Salta). Ante el pronunciamiento favorable a la Revolución de Mayo, de la Intendencia de Salta del Tucumán (la única Intendencia que apoyó a la Capital del Virreynato del Río de la Plata), bajo las órdenes del Coronel Diego José de Pueyrredón (instalado en Orán y Jujuy), comando una partida patricia de Decididos de la Patria de 60 hombres, quienes fueron los primeros en llevar el fuego de la libertad a la Quebrada de Humahuaca, librando exitosas escaramuzas contra los realistas. Al mando de la Vanguardia del Ejército Auxiliar del Alto Perú, bajo las órdenes de Balcarce y Castelli, combatió en Cotagaita, y fue protagonista principal de la primera victoria de las armas de la Patria en Suipacha (7.11.1810); borrado del parte de batalla por Castelli y Balcarce, igual se le encomendó una misión militar en Cinti, por tener milicias gauchas experimentadas; luego ingresó triunfante junto al Ejército Auxiliar en Potosí. Ante la “demora criminal” del Pacto de Laja, firmado por Castelli con las fuerzas realistas, y la inmovilidad e inoperancia manifiesta de los oficiales al mando (seis meses inactivos en Potosí), ante las protestas del joven oficial salteño, es retirado de las fuerzas combatientes. Ocurrida la derrota de Huaqui (20.06.1811), Güemes es reincorporado por el nuevo Jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú Coronel Mayor Cornelio Saavedra (oriundo del Alto Perú), preparando – Güemes–un plan defensivo del territorio de la Intendencia de Salta del Tucumán. Pensando en Tarija, como baluarte de esta resistencia patriota. Colabora con Pueyrredón, en la fuga llevada a cabo por este, al sustraer los caudales de Potosí. Caudales que permiten el pago de sueldos a las tropas, y su reequipamiento militar. Posteriormente, combate desafortunadamente en la segunda Suipacha (1812), bajo las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez. Derrota anticipada por el Jefe del Estado Mayor Teniente Coronel José Moldes al General Manuel Belgrano, nuevo Jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú. Participa del éxodo jujeño (23.08.1812), y del combate de Río Piedras (3.09.1812), siendo enviado posteriormente en misión a Santiago del Estero. No participa en las Batallas de Tucumán (24.09.1812), ni de Salta, (20.02.1813), tampoco de las derrotas de Vilcapugio (octubre) y Ayohuma (noviembre) del año 1813. Por situaciones personales (amores con la Iguanzo), y políticas (apoyo al Cnel. Juan Francisco Borges, precursor de la autonomía santiagueña), fue castigado por Belgrano a revistar en el Estado Mayor, en la ciudad de Buenos Aires. En el Estado Mayor conoce al recién llegado Coronel José de San Martín, con el cual entabla una cordial relación, la cual permite que ha pedido suyo, y consentimiento del Libertador ¡cumplidos el mismo día! vuelva a su tierra, bajo sus órdenes. Allí, en ese año 1814, es designado por San Martín, primero: comandante de la Vanguardia del Río Pasaje,
y luego de la victoria del Tuscal de Velarde (marzo de 1814), comandante de la Vanguardia del Ejército del Norte. Siendo ascendido a pedido de San Martín, por su exitosa actuación contra las fuerzas realistas al mando de Pezuela, como Teniente Coronel. Esta foja de servicios detentaba el “aparecido” Teniente Coronel Martín Miguel de Güemes, al decir del entonces Capitán José María Paz, que no podía en ese tiempo independentista aportar los antecedentes del llamado por él: simple comandante de milicias, colocado en la Frontera Norte por San Martín. Paz es entonces, el primero de su tiempo (cuando escribe sus memorias) en escribir esta zoncera mayor que parió todos los otros calificativos históricos que ignoraron la verdadera actuación del General Martín Miguel de Güemes. Aquí, empieza la barbarie intelectual sobre su pensamiento y acción regional y suramericana, que repetiría por boca de ganso (de Mitre, Vicente Fidel López y epígonos), todos los historiadores basados en la interpretación centralista, unitaria, cosmopolita, con eje en el puerto del Río de la Plata. Interpretación e ignorancia, que a muchos suele serle muy conveniente. Como los teros, aprendieron a pegar un grito en un lado, y esconder los huevos en otro. Pasemos a otra de las afirmaciones, del entonces bisoño Capitán José María Paz. Afirma: “(…) Poseía esa elocuencia peculiar que arrastra a las masas de nuestro país, y que puede llamarse la elocuencia de los fogones o vivaques, porque allí establecen la tribuna. Principió por identificarse con los gauchos, adoptando su traje en la forma, pero no en la materia, porque era lujoso su vestido, usando guardamontes y afectando todas las maneras de aquellas gentes poco civilizadas. Desde entonces empleó el bien conocido arbitrio de otros caudillos, de indisponer a la plebe con la clase más acomodada de la sociedad. Cuando proclamaba, solía hacer retirar toda persona de educación y aun a sus ayudantes, porque sin duda se avergonzaba de que presenciasen la impudencia con que excitaba a aquellas pobres gentes a la rebelión contra la otra clase de la sociedad. Este caudillo, este demagogo, este tribuno, este orador, carecía hasta cierto punto del órgano material de la voz, pues era tan gangoso por faltarle la campanilla, que quien no estaba acostumbrado a su trato, sufría uno sensación penosa al verlo esforzarse para hacerse entender.”. En el Diccionario de Regionalismos de Salta del Dr. Vicente Sola, primer premio de la Comisión Nacional de Cultura, leemos: “Gangoso. S.M. Personaje de mito que asusta el caballo. Sale después de la Oración y se esconde detrás de los árboles. En ciertas regiones dicen que a quien asusta al jinete.” La guerra de recursos, la guerra de montaña, la guerra gaucha, implementada por Güemes a partir de 1814 (año referencial para Paz), asustaba a los realistas, infantes, jinetes y caballos ¡escondido, y aparecido desde el paisaje! De allí, quizás el uso de la palabra, entre el pueblo llano, para referirse al Caudillo, y a sus tropas. Tomada por Paz, para menospreciar al ¡tribuno!, al ¡orador! Que, casualmente, excitaba y convencía con su elocuencia, por la unción de sus palabras, por su persuasión, al paisanaje. Puede sacar conclusiones sobre este mito aborigen, gaucho, el lector. El civilizado Paz, no conocía los usos y costumbres del gauchaje, con el cual se identificaba Güemes. En las “Crónicas y apuntes” de Bernardo Frías, en su pág. 35, podemos leer un Soneto de poeta anónimo (una pluma docta del Norte de la República) contra Güemes… que expresa: “ainda mais gangoso”. Podemos relacionarlo con lo afirmado por Vicente Sola, o con la impudicia contra Güemes. Los panfletos anónimos, fueron un arma esencial para socavar el prestigio de los patriotas. Más, cuando estos: los Caudillos, encabezan la plebe contra los pudientes (pasados al enemigo), los barbaros contra los civilizados (diplomados en el pacifismo a ultranza), en este sentido, nuevamente Paz es un adelantado a su tiempo, abreva sin duda en el “Facundo, Civilización y Barbarie” (1845), escrito por el montonero de las letras, que pedía no ahorrar sangre de gauchos, en su lucha contra el Chacho Peñaloza (1863). Seguramente, mientras escribía sus memorias, Paz recordaba a ese gaucho montaraz que le boleó el caballo, y trunco su campaña contra los Caudillos Federales. Continuemos con las Memorias, desmemoriadas de Paz, su zoncera civilizada, lo lleva afirmar: “(…) Sin embargo este orador, vuelvo a decir, tenía para los gauchos tan unción en sus palabras y una elocuencia tan persuasiva que hubieran ido en derechura a hacerse matar para probarle su convencimiento y su adhesión. Era además Güemes relajado en sus costumbres, poco sobrio, y hasta carecía de valor personal, pues jamás se presentaba en el peligro. No obstante, era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, el patriota sincero y decidido por la independencia: porque Güemes lo era en alto grado. El despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin tuvo la gloria de morir por la causa de su elección, que era la de la América entera. Más tarde diremos más sobre este caudillo que tanto llamó la atención pública.”. Aquí Paz demuestra, una vez más, sus contradicciones más íntimas. Vuelve a repetir que era un orador elocuente y persuasivo de los sectores humildes. Que hasta era calificado como padre de los pobres, aunque no puede con su envidia, natural en alguien como él, intelectual y militar consumado en la acción contra el pobrerío de la Patria. Librando combates contra montoneras conducidas por Caudillos no militarizados, con huestes gauchas no adiestradas en el arte de la guerra. Porque debemos decirlo: Paz no se lució como militar, como táctico, como estratega, en tiempos de la independencia, sino en las guerras civiles. También, contra ejércitos disciplinados en la esclavitud, tal los del Imperio del Brasil. ¿Qué combate o que batalla ganó Paz, entre ١٨١٠ y ١٨٢٥? En tiempos de Güemes, cuando este asciende por méritos en el campo de batalla, llegando al grado de Coronel Mayor (General), y contener dos invasiones realistas (compuestas por oficiales y tropa adiestrada militarmente en Europa), y cinco incursiones, Paz no detenta este grado militar, sino inferiores en mando y calificación. No se trató de edad, porque Paz es apenas años menor que Güemes. Sumemos, que el General San Martín, designó a Güemes, General en Jefe del Ejército de Vanguardia sobre el Alto Perú (1820). Su envidia competitiva, llega hasta el agravio póstumo, cuando afirma: hasta carecía de valor personal, pues jamás se presentaba en el peligro. La Defensa y Reconquista de Buenos Aires (1806/1807), Cotagaita y Suipacha (1810), Tuscal de Velarde (1814), Puesto Grande del Marqués (1815), Rosario de Lerma (1817), desmienten esta aseveración artera de Paz, que termina demostrando su secreta admiración al Caudillo, cuando afirma: su incorruptibilidad, y su muerte, valiente y digna por la América entera, al afrontar personalmente con su escolta de infernales el operativo comando, que lo coloca en la inferioridad de combatir fuerzas realistas que lo superan en la proporción de 4 a 1 en la noche tenebrosa y fría en que un judas lo vende por dinero. Escribiendo la historia con su sangre, para sellar la independencia suramericana. Después vendrían tinterillos asumidos como historiadores, que no han ignorado, sino tergiversado la verdad de nuestra historia Patria. Justificando con ello, la desintegración de las Provincias Unidas de Suramérica.

Otro sí digo: sobre la vestimenta de Güemes – en base a lo afirmado por Paz – austera y rustica en el campo, sofisticada y lujosa en la ciudad, aparente contradicción en las formas, usos y costumbres del Caudillo en relación a sus gauchos, es parte de la necesidad de explicarnos la historia, desde un punto de vista más abarcativo, que la simple y compleja visión clasista, nacida del resentimiento social de quien la expresa. Es interesante, como hipótesis de trabajo historiográfico, estudiar en paralelo la procedencia social de Güemes y de Paz, para comprender esta observación objetiva del Manco Paz. El medio pelo, tan bien descripto por don Arturo Jauretche, despunta en tiempos de la independencia. Hasta el siguiente pie de página, explicativo del Guardamonte norteño, ayuda a comprender más, la procedencia social del cordobés, que la del salteño. Trasponiendo tiempos históricos, atavismos ancestrales, curiosas causalidades sociales, nos referiremos a un hecho actual, que se cumple cada aniversario de su muerte. Los actuales desfiles gauchos, la procesión ante su monumento, el sin fin de homenajes a su persona, donde convergen paisanos y pudientes de hoy, nacen de aquellos tiempos, cuando Güemes ¡Gobernador! ingresaba desde el campo a la ciudad, con estos instrumentos camperos, que lo preservaban de las espinas de la vida. Aunque no, de las envidias de sus camaradas de armas, de sus contemporáneos. Ayer y hoy, parece que se repite esta compleja situación social; la mirada retrospectiva de algunos memoriosos, anticuarios del progresismo vernáculo, autocalificados como pertenecientes a la comunidad científicamente reconocida, pretende borrar mediante estudios pormenorizados (sobre la tierra, y sus habitantes) y originales apreciaciones sobre adversarios y enemigos de Güemes, semánticos y sociológicos, la historia viva del único Caudillo que aunó en su persona la vivencia del Cid, y la locura del Quijote, haciendo suya también, la indomable voluntad de José Gabriel Túpac Amaru, y Juan Azurduy, absorbiendo en su alma, el espíritu de la tierra suramericana.

1.- Guarda–monte es un cuero de buey, dividido en dos partes y recortado convenientemente, de modo que cae a ambos lados del caballo. Colocado en la parte delantera de la montura, cubre las piernas y una parte del cuerpo del jinete, preservándolo de la picadura de las espinas, cuando corre por aquellos bosques casi vírgenes. Posteriormente, y siendo ya gobernador de Salta, hasta cuando paseaba por la ciudad, solía poner guarda – montes, por ostentación, y llegó a tenerlos de mucho lujo, de tela fina y costoso bordado. Su vestido era, por lo común, de chaqueta, pero siempre con adornos sobrecargados, ya de pieles, ya de bordados y cordones de oro y plata. Sus uniformes eran de fantasía y tan variados, que de su reunión hubiera resultado una colección curiosísima. Hasta aquí, las desmemoriadas Memorias Póstumas del General José María Paz

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