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Gobierno entreguista: 2 de abril, ni con Macri se animaron a tanto

 

La “abanderada” en la cuestión es obviamente Pato Bullrich, quien ha transitado la última década con un discurso sobre las Islas Malvinas que pendula entre “la defensa del reclamo de soberanía con intervenciones públicas” y la declaración más cancelable en la historia de Malvinas.

 

Don Veronelli

 

El episodio que más recordamos fue un 28 de abril de 2021, cuando en una entrevista se despachó la frase “a Pfizer le podríamos haber dado las Islas Malvinas”. La secuencia se viralizó, motivó una aclaración pública de la dirigente —quien dijo haberse “expresado mal”— y derivó en una denuncia; verificadores independientes y coberturas periodísticas consignaron que la cita fue real y que Bullrich la rectificó.

Antes y después de ese momento, la trayectoria de Bullrich en materia de Malvinas mostró matices previsibles y tensiones políticas. Durante su gestión como ministra de Seguridad (2015–2019) y luego como figura de la oposición, mantuvo el reclamo de soberanía dentro del repertorio discursivo del PRO, sin presentar propuestas públicas que implicaran un cambio de la política de Estado sobre el archipiélago. En sus intervenciones públicas suele subrayar, además, críticas a gestiones previas: habla de “fracasos” y de retórica sin resultados, una lectura que reaparece como hilo conductor cuando comenta la política exterior o las negociaciones internacionales desde que volvió a ser gestión en 2023.

Esa mezcla de “firmeza soberana” y lenguaje confrontativo volvió a aparecer en años recientes. En abril de 2025, tras un discurso del presidente Javier Milei que generó debate por alusiones a la autodeterminación de los isleños, Bullrich salió a respaldar al mandatario y a matizar la interpretación de sus palabras: según su lectura, no se trató de promover la autodeterminación sino de poner el foco en “el enorme fracaso de Argentina en el tema”, una crítica a la gestión histórica que, en su versión, buscaba cuestionar la eficacia de la política exterior más que renunciar al reclamo.

La defensa pública de Milei y la explicación posterior alimentaron notas y análisis en la prensa nacional, donde se contrastó su postura con la sensibilidad que el tema despierta en la sociedad argentina. Paralelamente, el Ejecutivo impulsó gestos diplomáticos técnicos hacia el Reino Unido y puso el foco en el reequipamiento de las Fuerzas Armadas como parte de una estrategia para fortalecer la posición argentina; esas iniciativas generaron expectativas pero también incertidumbre por la rotación de responsables en Cancillería y la falta de avances concretos.

En ese escenario no se puede obviar la figura de Victoria Villarroel como emblema público: hija de un excombatiente, su presencia y sus reclamos se convirtieron en un símbolo de la demanda de memoria y respeto hacia los veteranos, y aportaron una voz personal y emotiva al debate sobre cómo se defiende la soberanía sin perder de vista el honor de quienes combatieron. Haciendo que el tema sea mucho más complejo de manejar desde Casa Rosada, por la cada vez más tensa relación entre el presidente y su vice.

Hoy

En 2026, la escena política volvió a ofrecer un episodio simbólico: la cobertura sobre actos oficiales por Malvinas consignó que Bullrich no fue invitada o estuvo ausente en determinadas ceremonias, un hecho que los medios interpretaron como un síntoma de tensiones internas entre su espacio político y el gobierno. Más allá de la anécdota protocolar, la ausencia alimentó lecturas sobre distancias políticas y sobre cómo se negocian, en el terreno público, las formas de reivindicar el reclamo soberano.

Las reacciones a sus declaraciones han sido previsibles y contundentes: organizaciones de excombatientes y comisiones públicas expresaron repudio formal cuando la frase de 2021 se hizo pública, sosteniendo que usar la soberanía sobre Malvinas como moneda de cambio vulnera principios constitucionales y el honor de los veteranos; esos comunicados y notas de prensa quedaron registrados en archivos institucionales. En el plano mediático, la lectura pública se dividió entre quienes interpretaron sus comentarios como una metáfora crítica sobre la gestión de negociaciones internacionales y quienes los entendieron como una minimización del reclamo soberano. En la práctica, cada episodio obligó a matices, rectificaciones y a que los medios contrastaran las citas con el historial político de Bullrich y de su partido en materia de política exterior.

El balance que surge de la década es el de una dirigente que, sin abandonar la supuesta postura de reclamo de soberanía, ha recurrido a un estilo directo y provocador que expone sus declaraciones a interpretaciones encontradas y a reacciones institucionales contrarias al tema más sensible e indiscutible en nuestro país, LAS MALVINAS SON Y SERÁN SIEMPRE ARGENTINAS.

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