Los registros de Migraciones muestran 81 viajes al exterior de Franco Hernández Berni desde que asumió como intendente de Tartagal. Su última salida al exterior fue la semana pasada. En el medio, 260 nuevas designaciones municipales, un Concejo Deliberante que no se entera de sus ausencias y una pregunta que nadie responde:
¿Qué tanto hace un intendente fuera de su ciudad? Qué obligaciones o intereses lo llevan a Bolivia con tanta frecuencia?
Kim Im Porta
Los datos migratorios oficiales a los que accedió Cuarto Poder muestran una particularidad difícil de disimular detrás de cualquier discurso de gestión: 167 viajes al exterior registrados para el jefe comunal de Tartagal, el kirchnerista Franco Hernández Berni. De ese total, 156 tuvieron como destino Bolivia, pero también figuran varios destinos top.
Si se toma en consideración su período al frente de la intendencia de Tartagal, aparecen 41 viajes al exterior. La última salida registrada ocurrió apenas la semana pasada y este fin de semana estaría regresando desde América del Norte.
Que un intendente de una ciudad fronteriza viaje a Bolivia no tiene, por supuesto, nada de extraordinario. Tartagal mantiene vínculos comerciales, familiares y culturales evidentes con el país vecino. El problema empieza cuando la excepción parece convertirse en rutina y la rutina, en una especie de política exterior municipal.
Semejante cantidad de salidas permiten formular una pregunta de cajón que hoy se hacen muchos tartagalenses: ¿Franquito es intendente de Tartagal o de Yacuiba?
Bolivia, su segunda casa
El dato más llamativo no es solamente la cantidad, sino la concentración. La enorme mayoría de los movimientos internacionales registrados tiene como destino Bolivia.
Y el motivo no sería precisamente su predilección por el silpancho o las empanadas potosinas. Migraciones consigna el ingreso o egreso del país y su destino inmediato. Por lo tanto, un viaje a Bolivia no necesariamente significa que allí terminó el recorrido. Una persona puede continuar desde un aeropuerto boliviano hacia otro destino internacional, algo que no necesariamente queda reflejado en el registro argentino como un viaje directo a ese tercer país.
Es decir: los 156 viajes a Bolivia no permiten afirmar que Hernández Berni haya hecho 156 viajes exclusivamente a Bolivia. Pero sí permiten afirmar que Bolivia aparece 156 veces como destino en los registros consultados.
Y eso abre una segunda pregunta: ¿cuántos de esos viajes terminaron efectivamente en territorio boliviano y cuántos pudieron ser utilizados como conexión hacia otros destinos?
Hay antecedentes que vuelven particularmente interesante esa pregunta. En el listado también aparecen viajes a Panamá, entre otros destinos. La existencia de vuelos directos desde Salta hacia Panamá hace posible que un pasajero utilice esa ruta para continuar luego hacia otros puntos del mundo. La práctica del stop-over está expandida y Hernández sigue la ola.
Marley, un poroto
Lo que sí aparece documentado es que, además de Bolivia y Panamá, el historial de viajes de Hernández Berni incluye destinos como España, Italia, Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Perú y Paraguay, en distintos momentos de su trayectoria. Allí aparece otra inevitable pregunta de gestión: ¿qué se trajo de cada viaje para Tartagal? Quizás una idea para combatir el contrabando. Algún mecanismo para enfrentar conflictos sociales. Una experiencia contra el crimen organizado. Un modelo de administración fronteriza.
El norte caliente
La polémica por los Berni-tours aparece además en un escenario político particularmente sensible para el norte provincial. Días atrás, el diputado Gustavo Orozco había lanzado fuertes cuestionamientos contra los intendentes de esa región y había insinuado posibles vínculos con el narcotráfico.
En ese contexto, Hernández Berni quedó mencionado de manera directa por el legislador. Orozco declaró: «Pregúntenle a Hernández de dónde salió la plata de su campaña, en todo caso».
Pero el diputado no se quedó allí. En un desafío que ya se volvió un cliché de la política salteña, agregó: «Franco, creo que lo mejor que podemos hacer es demostrarle a la gente quién es quién, haciéndonos una rinoscopía cada uno. Yo te puedo firmar que vos no la pasás».
El norte provincial tiene, efectivamente, antecedentes judiciales graves que explican por qué cualquier referencia a narcotráfico genera semejante sensibilidad. En 2018 fue detenido un hermano del entonces intendente de Salvador Mazza, Rubén Méndez, en una causa por narcotráfico. Más recientemente, el caso de Carlos “Conejo” Martínez, exintendente de Aguas Blancas cuyo hermano fue asesinado por sicarios, volvió a poner bajo la lupa los vínculos entre política, frontera y delito organizado.
En el caso de Hernández Berni, su vínculo con el ex juez federal Raúl Reynoso -quien fuera su suegro y que actualmente enfrenta una condena por beneficiar judicialmente a narcos- no aporta mucho al esclarecimiento del panorama.
¿Principio de anomia institucional crónica?
Hay otro dato que vuelve más incómoda la estadística de la Dirección Nacional de Migraciones: buena parte de las salidas internacionales registradas durante su gestión no habría contado con la autorización del Concejo Deliberante, pese a que la normativa contempla la intervención del cuerpo legislativo cuando el intendente se ausenta. Por lo visto Hernández desconfía del presidente del Concejo Deliberante -“Quitupí” González- y prefiere ocultarle estas salidas aunque esto implique violar la Carta Orgánica de Tartagal. Si esto se confirma al revisar uno por uno los movimientos y las actas del Concejo, ya no estaríamos solamente frente a una cuestión de viajes. Aparecería un problema institucional.
Es que hay una pregunta elemental que suele perderse entre los sellos de Migraciones y los kilómetros acumulados: ¿quién queda al frente del Ejecutivo municipal cuando el intendente se ausenta? Y, sobre todo, ¿quién queda formalmente a cargo cuando esa ausencia ni siquiera fue comunicada o autorizada por el órgano que debe intervenir?
260 nombramientos y una carrera que asoma
Como si el pasaporte no alcanzara para alimentar la conversación política, en los últimos días también trascendió a través del medio Videotar otro dato de fuerte impacto: 260 designaciones de empleados en la Municipalidad de Tartagal.
Franquito, como gustan decirle sus amigos, ha cumplido con compromisos que asumió en la campaña que lo llevó a intendente de Tartagal. Entre los financistas se contaría el empresario Lucas Cisneros, cercano al romerato que hoy se encuentra en prisión acusado de delito de contrabando. Leavy, Estrada, Olmedo y Marocco son algunos de los que se han beneficiado con algunos nombramientos de amigos y parientes.
La cifra generó malestar entre trabajadores y sectores gremiales, particularmente en ATE -encabezado por Sandra Hoyos-, en un municipio donde existen empleados que llevan más de diez años trabajando y todavía reclaman el ingreso a planta permanente.
El contraste es difícil de ignorar. Algunos llevan años dentro de la estructura municipal esperando una solución a su situación laboral, otros consiguen designaciones desde un domicilio de la Capital. El escándalo podría culminar con denuncias penales considerando que son demasiados los que no residen en Tartagal ni van a trabajar. El secretario de hacienda de la gestión de Hernández logró oscurecer más las cosas cuando sostuvo que la tecnología hoy permite que muchos cumplan tareas desde sus casas ubicadas a cientos de kilómetros.
En Tartagal ya comenzó a circular la interpretación de que las designaciones forman parte de un armado político de cara a mayo del año que viene. Casi copiando lo que fue la cuestionable actividad delictiva de Emiliano Estrada, que mandaba a sus empleados a infamar a sus adversarios políticos, en este caso son varios los “contratados” que serían parte de campañas de desprestigio contra cualquiera que amenace las expectativas de crecimiento de Hernández. Ya no es difícil entender el por qué de 260 incorporaciones en planta política. Mucho menos cuando, por lo bajo, también se menciona a Hernández Berni como uno de los nombres que podría aspirar a integrar una eventual fórmula oficialista para la Vicegobernación. Nadie lo confirmó. Nadie lo anunció. Pero la versión circula.
Una tradición camporista: el caso María Soledad Calle
Hay, finalmente, una dimensión política que tampoco conviene perder de vista. Hernández Berni logró dar el salto desde el kirchnerismo hacia el oficialismo provincial a mediados de 2024. El reacomodamiento fue suficientemente como para convertirlo en una pieza del nuevo mapa de alianzas salteño, pero cambiar de camiseta no borra el archivo.
Su pasado como afiliado y militante del Partido de la Victoria forma parte de su trayectoria inocultable. Y eso permite entender, al menos parcialmente, el lugar que ocupa hoy en un escenario donde dirigentes de procedencias diversas encontraron una manera bastante práctica de convivir bajo el paraguas del oficialismo.
En materia de viajes, además, el universo kirchnerista ofrece una larga tradición de funcionarios y dirigentes cuyos desplazamientos terminaron convertidos en asuntos de interés público.
El caso reciente de María Soledad Calle volvió a poner el tema sobre la mesa. La sindicalista de la UOM, cercana a Axel Kicillof, quedó en el centro de la atención pública luego de que trascendiera la compra de un departamento en el mismo edificio de San José 1111, en Recoleta, donde cumple condena con prisión domiciliaria Cristina Fernández de Kirchner. Su actividad sindical también registra numerosos viajes al exterior.
Una vez más: viajar no es delito, tener dinero no es delito y comprar una propiedad tampoco. Lo que convierte esas situaciones en materia periodística es la necesidad de explicar de dónde salen los recursos, qué función se cumple, quién paga los viajes y qué relación existe entre el patrimonio, la actividad pública y las decisiones políticas.
Si Tartagal pretende dejar atrás la vieja costumbre de que la frontera sea sinónimo de opacidad, tal vez el primer paso sea bastante sencillo: abrir los libros, mostrar las autorizaciones, explicar los destinos y contar qué resultados concretos dejó cada viaje. Después, si queda tiempo, siempre se puede hablar de turismo.

