En la Escuela Superior de Música de la Provincia no hay plata para afinar los pianos, pero aparecen recibos de compra de celulares y viajes en remis por $1000. También se puede cortar el pasto dos veces un mismo día y patrocinar eventos de ONG’s internacionales. En el edificio del Huayco queda claro que vivir de la música es posible. (Nicolás Bignante)

En la escuela superior de música de la provincia los números vienen desentonando hace rato con la realidad. Según comentan los docentes y trabajadores del instituto, la actual directora Gladys Silvina Añez no muestra mucho aprecio por la contabilidad y la rendición de gastos; y cuando lo hace, deja más incógnitas que respuestas. Aunque haya pasado casi desapercibido, el martes pasado fueron recibidos en la legislatura por el presidente de la cámara baja. Allí expusieron una serie de irregularidades y desmanejos que concentraron en un mamotreto de 200 páginas. Compras y gastos injustificados, facturas y recibos truchos, abuso de autoridad y falta de transparencia en las designaciones son algunos de los planteos realizados por la comunidad educativa.

Las sospechas empezaron cuando los padres de algunos de los 1400 alumnos que asisten a la institución de B° el Huayco comenzaron a exigir a los administrativos que les facilitaran los recibos correspondientes al pago de la cooperadora. La cuota -en teoría voluntaria- ascendía a $1800 por alumno, pero tras recibir reiteradas quejas y denuncias por parte de los alumnos la redujeron a $1200. La suma de esos pagos, suponiendo que la totalidad de los alumnos hubiera abonado, superaría los $2,5 millones. Aunque muchos alumnos pudieron pagar sólo 500 o 600 pesos, se les exigió el pago del remanente. Por esos cobros adicionales no se entregó recibo alguno. 

En paralelo, las necesidades del establecimiento fueron creciendo. El grado de deterioro de los pianos es, al día de hoy, notable. Ante esta situación, los docentes solicitaron dinero para reparaciones que van desde: nivelación, cambio de cordales y afinación; por un valor estimativo de $12.000 por cada uno de los 12 instrumentos. Los montos nunca fueron asignados. 

Tickets, boletas y facturas

Los trabajadores lograron acceder por su cuenta a una copia de la planilla de gastos del establecimiento. Las facturas, recibos y tickets de compra adjuntos evidencian el claro desmanejo de los fondos por parte de la dirección. Además de las partidas del ministerio de Educación, la escuela superior de música recibe del estado «dos o tres bidones de productos para la limpieza» al mes, según comentó una docente. Las impresiones, fotocopias, compra de útiles y otros gastos menores corren por cuenta de la escuela. A su vez, los cortes de pasto son realizados por el área de espacios verdes del municipio. Sin embargo, entre la documentación presentada por la comunidad educativa figuran recibos de particulares de entre $4000 y $6000 por esa misma tarea. En febrero se llegó a pagar tres veces por cortes de pasto, dos de ellos en un mismo día. 

Los viajes en remis arrojan cifras irracionales que van desde $500 a $1000. Aparecen también boletas de Mc Donald’s y del supermercado Jumbo por la compra de ravioles y queso crema, todas ellas imputadas a la institución. La compra de un celular de $15.000 también asoma entre los comprobantes. Pero sin dudas lo más llamativo es una factura de $38.000 a nombre de «Tío Bigote’s» (alquiler de vajillas) por el traslado de dos pianos desde el viejo edificio de calle Zuviría, hasta el establecimiento del Huaico. 

Cuando llegaron los primeros pedidos de explicaciones por parte de la comunidad educativa, la rectora Añez respondió en un audio de WhatsApp: «como ustedes saben, el manejo es unilateral». Bien claro les quedó el mensaje a los docentes y trabajadores cuando se implementó en octubre del año pasado el proyecto de arbolado del predio de zona norte. En el esquema de gastos presentado por la rectora figuraba la contratación de un camión de tierra por un valor de $40.000. El vehículo de carga nunca llegó a las instalaciones de la escuela y en su lugar se compraron tres bolsas de tierra por $400. Pese a que el proyecto tenía un presupuesto detallado, los docentes pudieron averiguar que los ejemplares para plantar en el predio fueron donados en su totalidad por el área de espacios verdes y una ONG dedicada a la plantación de especies nativas. La mano de obra estuvo a cargo del centro de estudiantes y de vecinos de la zona.

Voluntarios con OSDE

A fines del año pasado un grupo de padres organizó una protesta para oponerse al traslado de alrededor de 150 niños que se quedaron en el edificio de Zuviría 170. Su intención era llamar la atención sobre el destino de esas instalaciones y procurar que el inmueble no fuera entregado para otros fines. La rectora Gladys Silvina Añez declaraba por entonces a Nuevo Diario: «la escuela no se cierra. El edificio no lo perdemos, tenemos pensado que siga funcionando como siempre de 8.30 a 22, para otras actividades artísticas interdisciplinarias». Al parecer las actividades a las que hacía referencia iban mucho más allá de lo artístico.

Los docentes de la escuela de música -muchos de los cuales se resistieron en un principio al traslado- advirtieron que la actividad continuó -y continúa- en las instalaciones de calle Zuviría. El movimiento de jóvenes durante los fines de semana llamó la atención de los trabajadores, como así también de comerciantes de la zona. Según pudo averiguar Cuarto Poder el edificio es utilizado los sábados para las reuniones de la sede local de la Junior Chamber Internacional (JCI), una red mundial de jóvenes que trabaja para «crear cambios positivos», según consta en su sitio web. La organización nuclea a «ciudadanos jóvenes de entre 18 y 40 años» y tiene su sede central en ST. Louis, Missouri, EEUU.

El hecho podría ser apenas un detalle anecdótico y hasta constructivo de no ser por los vínculos entre la organización internacional y la institución que dirige Añez. Entre las publicaciones de la página oficial de JCI Salta en Facebook figura un agradecimiento a los «sponsors» de la organización, entre los que figura la escuela superior de música José Lo Giudice: «Renovamos el agradecimiento a nuestros sponsors. Gracias a ellos JCI Salta ahora está logrando que cada vez más personas puedan generar un impacto positivo en la comunidad!» escriben. El logo de la institución educativa asoma en la lista de auspiciantes junto a una pastelería artesanal, un estudio jurídico, un frigorífico y una empresa de contenedores, entre otros. 

Se desconoce el monto que el rectorado destinó al sponsoreo de actividades de la ONG internacional, puesto que como pudo verse, la rendición de cuentas y la transparencia, no son una característica de las autoridades de la escuela. En otra de sus publicaciones en redes sociales, la ONG escribe: «Agradecemos la colaboración de las autoridades de la Escuela Superior de Música N° 6003, que con su oportuno aporte vamos a poder impactar mucho más en Salta a través de los proyectos que realizamos». Un detalle anecdótico: Entre los miembros de JCI Salta se encuentra nada menos que la hija de Añez. 

Nombramientos dudosos

Gladys Silvina Añez fue nombrada en octubre de 2017 como «profesora a cargo del rectorado» por la Dirección de Educación Superior. Los alumnos de la institución aseguran no haber tenido «un sólo día de clases» con ella, pese a que concentraba 18 horas cátedra de flauta dulce. Quien le allanó el camino fue la exrectora Mabel Coronel. En marzo de 2018 asume como rectora pese a que el reglamento establece que el cargo debe ser ocupado por una persona transitoria hasta tanto se realice el concurso, cosa que nunca sucedió. Como Añez, existen casos de docentes que concentran hasta 56 horas cátedra. Desde la Dirección de Educación Superior no emiten una sola palabra sobre el asunto. Mucho menos desde el ministerio que preside Analía Berruezo. Actualmente, la rectora se encuentra con licencia psiquiátrica. La misma fue presentada días después de que la comunidad educativa tomara conocimiento de las irregularidades de su gestión.

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