Hay una forma novedosa de entender la representación política: estar en contra, anunciarlo en videos y después no aparecer cuando llega la hora de discutirlo. Esa parece haber sido la fórmula elegida por Roque Cornejo Avellaneda, senador de La Libertad Avanza por Capital, durante la sesión en la que el Senado salteño aprobó financiamiento por hasta US$250 millones. Mientras sus colegas discutían la refinanciación de US$150 millones del Plan Bicentenario y un crédito de US$100 millones del BIRF, la banca de Cornejo permaneció vacía. Una pena: justo cuando había que hablar, el silencio resultó particularmente elocuente.
El senador Juan Cruz Curá calificó de “importante” el debate y lamentó la ausencia. Jorge Soto, en cambio, fue directamente al hueso: recordó que Cornejo había adelantado públicamente su rechazo a las iniciativas y cuestionó que hiciera videos para decir que votaría en contra, pero que no se presentara a discutirlo en el recinto. Es una modalidad parlamentaria curiosa: la posición política está disponible para las cámaras, pero el debate legislativo aparentemente requiere una presencia que esta vez no estuvo disponible. La democracia tiene esas pequeñas molestias: además de opinar, a veces hay que sentarse a explicar por qué.
Al final, los proyectos fueron aprobados por unanimidad entre los senadores presentes. Cornejo consiguió algo bastante más sencillo que ganar una votación: no participar de ella. No tuvo que defender su posición, responder a sus pares ni explicar por qué rechazaba las herramientas de financiamiento. Tampoco tuvo que votar a favor o en contra. La sesión siguió adelante sin él.

