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El Presidente que no llega a fin de mes con la realidad

Milei dice que no llegar a fin de mes es una “pelotudez”. El primer mandatario volvió a descalificar a quienes advierten sobre las dificultades económicas de los argentinos. Según un informe privado, dos de cada tres personas se quedan sin dinero antes del día 20 y más de la mitad se endeudó en los últimos seis meses para afrontar gastos. Al Presidente le alcanza con declarar que todo es una mentira kirchnerista.

Javier Milei encontró una explicación para los argentinos que se quedan sin plata antes de fin de mes: son víctimas de una “pelotudez” inventada por el kirchnerismo. El razonamiento presidencial tiene la sencillez de una cuenta mal hecha: si la gente se queda sin dinero el día 20, ¿cómo hace para sobrevivir los diez días restantes? La respuesta, que no parece demasiado difícil de encontrar, es endeudándose, dejando cuentas sin pagar, recortando gastos o recurriendo a familiares. Es decir, haciendo malabares para llegar al próximo sueldo. Una realidad demasiado incómoda para alguien que prefiere resolver los problemas económicos con una descalificación.

Durante su participación en la Argentina Oil & Gas Expo 2026, en Neuquén, el Presidente no solamente rechazó los datos sobre las dificultades económicas de los hogares. También acusó a los medios de comunicación que los difunden de ser “corruptos”. El procedimiento es conocido: si las cifras contradicen el relato oficial, se cuestionan las cifras; si los periodistas las publican, se cuestiona a los periodistas. La economía real queda afuera de la discusión, como si las familias argentinas pudieran pagar el supermercado con una declaración presidencial.

Un informe de Zentrix Consultora ofrece algunos números que Milei podría considerar antes de volver a despachar el asunto con un insulto. El 65,3% de los encuestados afirmó quedarse sin ingresos antes del día 20 de cada mes. El 56,2% tomó alguna deuda formal durante los últimos seis meses y, entre quienes recurrieron al financiamiento, el 55,1% lo hizo para afrontar gastos básicos, como alimentos y salud. Otro 21,3% pidió créditos para pagar tarifas y servicios. Apenas el 9,8% declaró tener capacidad de ahorro. No hace falta ser kirchnerista para entender la diferencia entre ahorrar y pedir plata prestada para comer.

El problema del argumento presidencial es que confunde sobrevivir con llegar a fin de mes. Una persona puede pasar diez días sin dinero en su cuenta porque usa la tarjeta de crédito, pide un préstamo, compra fiado o posterga el pago de una factura. También puede dejar de comprar carne, reducir las salidas, suspender una consulta médica o recurrir a un familiar. Que la gente encuentre alguna manera de atravesar esos días no demuestra que su situación económica sea buena. Demuestra que necesita resolverla como puede. Convertir esa capacidad de resistencia en una refutación de la crisis es una forma particularmente cínica de mirar la pobreza.

El fenómeno golpea con más fuerza a los sectores de menores ingresos. Según el mismo relevamiento, el 68,1% de ese segmento tomó deuda durante los últimos seis meses y el 65,5% destinó el dinero a gastos básicos. Entre los jóvenes de 18 a 39 años, el 72% dijo quedarse sin plata antes del día 20. La deuda, en estos casos, no financia un viaje ni la compra de un electrodoméstico: sirve para sostener la vida cotidiana. Y cada cuota compromete una parte del sueldo siguiente, que volverá a resultar insuficiente si los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos.

Milei puede exhibir la desaceleración de la inflación y la estabilidad fiscal como resultados de su gestión. Son variables económicas relevantes, pero no alcanzan para describir por sí solas lo que sucede en los hogares. Una inflación que baja no significa que los precios vuelvan a sus niveles anteriores, del mismo modo que ordenar las cuentas públicas no garantiza que cada familia pueda ordenar las propias. La discusión sobre los resultados del programa económico es legítima. Lo que resulta inadmisible es pretender clausurarla a fuerza de insultos.

Hay algo más grave que la palabra elegida por el Presidente: su aparente incapacidad para reconocer el problema que tienen delante millones de personas. Quien gobierna no está obligado a aceptar cada encuesta ni a compartir todos los diagnósticos, pero sí debería explicar qué hará frente a las dificultades que esos datos señalan. Si considera que las mediciones son falsas, puede cuestionar su metodología y presentar evidencia. Llamar “pelotudez” al problema no mejora los ingresos, no reduce las deudas y tampoco llena la heladera.

Al final, la pregunta que Milei formuló como una provocación tiene una respuesta bastante sencilla: los argentinos que se quedan sin plata antes de fin de mes sobreviven porque se endeudan, recortan consumos y postergan obligaciones. Algunos consiguen llegar al próximo sueldo; otros vuelven a empezar el mes con una parte del salario ya comprometida. Que sigan encontrando maneras de sobrevivir no significa que el problema no exista. Significa que todavía están haciendo lo imposible para sostenerse. El Presidente, mientras tanto, parece más preocupado por descalificar el diagnóstico que por explicar cómo piensa resolverlo.

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