Advertencia: lo que leerá a continuación es un relato de ficción pergeñado, escrito
y editado por quienes cultivan, en distintas proporciones, la paranoia frente a todas
las expresiones del poder político y sus dirigentes del establishment.
EL PUERCOESPÍN
I
Otra vez sin batería en el celular, refunfuña y abre la notebook para poder seguir viendo el video de TikTok que explica con tanta justeza por qué la falta de satisfactores en una economía desemboca en que se críen hijos propensos a ejercer el bullying como acto de justicia por el resentimiento acumulado en un entorno familiar saboteado por el estado que redistribuye obstaculizando las libertades básicas para que el mercado todo lo provea en su justa medida.
Golpea las palmas y se corcovea de júbilo en la cama, con la computadora sobre su regazo y la luz apagada, cuando termina de ver lo que califica como “una genialidad”. Se apresura a replicarlo en sus propias redes sociales añadiendo: “Para que aprendan que el bullying se soluciona con más libertad y competencia. #VLLC”.
En el hall de la suntuosa habitación del hotel Libertador, contigua a la habitación desde donde se oye la algarabía frente a la pantalla, los otros departen sobre cómo abordarán la adicción a las redes y los comportamientos discontinuados de la rutina indisciplinada que tiene el flamante líder. Cuchichean aprovechando que él está abstraído y que ella, su hermana, se quedó dormida en plena madrugada, algo que para la vorágine de reuniones y planificaciones que tienen por esas semanas parece una anomalía.
La mañana llega prácticamente sin que se dieran cuenta, todos adormilados en sus lugares, el primero que recupera el aliento es Posse, quien luego de chequear su celular se dirige a Santiago y le sacude ligeramente el hombro para despabilarlo. “Siguen presionando, che, quieren un encuentro esta tarde”, le dice cuando ya su interlocutor está del todo despierto y ha pedido que le traigan un café. Santiago responde que es imposible, que el presidente no va a querer salir del hotel y que Karina lo avalará, como con cada delirio de agorafóbico que ella apaña para que no se susciten otra vez los episodios traumáticos que vivió con las pesadillas de la adolescencia. Posse insiste en que ella lo puede convencer, que la tienen que poner de su lado, que esto no es joda y que gran parte de su suerte depende del encuentro con ellos. Santiago sube los hombros y hace un gesto ambiguo, no sabe muy bien cómo proceder.
μ Buenos días, queridos. Qué noche eh, digamos que todavía no puedo dormir bien, es como si estaría pasado de éxtasis, digamos, como si la tarea histórica que me toca me toca no me dejara descansar, digamos, eh, ¿a Alberdi le debe haber pasado lo mismo, no? -entró a la sala monologando con el mesianismo de siempre.
μ ¡Presidente! Pero usted debe descansar, lo necesitamos fresco -convino con solemnidad impostada uno de los allegados.
μ Siempre, digamos, la mayor parte del tiempo, estoy fresco. Duerma o no, coma o no, eso es anecdótico, son las puras necesidades fisiológicas, digamos -zanjó el debate.
Karina dialogaba aislada a un costado con Santiago, él hacía ademanes enfatizando y ella negaba con la cabeza. Posse se les sumó y la imagen se repetía, los hombres insistían y parecían arrojar muchas evidencias, aunque ella, inexpugnable, agitaba la cabeza reprobando. Se la escucha decir: “Y que vengan para acá, total no van a quedar registrados los ingresos, ya arreglamos eso con Elsztain”.
Por la tarde llegó un oficial vestido con jean, remera ajustada y por dentro del pantalón, un reloj de última generación, lentes oscuros y barba rala. Fue recibido por la plana mayor que permanecía desde hacía ya dos semanas en el afamado hospicio. El presidente lo saludó e hizo algunas bromas que parecieron no causarle gracia al emisario, de quien se sospechaba que era un militar o un agente de inteligencia.
μ Entonces, ¿digamos que el plan es hacerlo cuando “Di Ti” lo ordene? -consultó trabando la lengua para dar a entender pronunciación en inglés al mencionar las iniciales de un nombre.
μ No totalmente. La sufragatión allí es ganada prácticamente, pero we need Bibi haga los últimos agreement con los americanos -dijo el agente con un tono extranjero, una gramática española precaria y un fetiche por los dominios lexicales del inglés, algo que al presidente parecía encantarle.
μ Yo got it -retrucó ensayando de nuevo la prosódica anglosajona-, cuenten con nosotros. Digamos, esta es la batalla más importante de la historia for the world -completó el presidente y no se privó de consultar, no sin imprudencia: Lo único que tengo como duda, digamos, es si usted es del Mossad o tiene experiencia militar por todo lo que me dice, digamos, parece un experto.
μ Ya dije, yo trabajo en Mekorot y estoy autorizado sólo para este mensaje. Si usted necesita know anymore o you have doubts, only you tell me. Llegarán instrucciones para su gobierno.
Todos estrecharon su mano.
II
Comunicado transmitido por cadena nacional, con un video grabado del presidente leyendo con una conjunción extraña entre vehemencia y titubeo. Mezcla de convicción ideológica y temor a la lectura en voz alta, como si se tratara de un fanático que cursa quinto grado y tiene que leer en un acto frente a toda la escuela colmada de escépticos:
Argentinos, compatriotas, estamos ante la inminiiente necedad de hacernos cargo de la manera más exigente de aquello que hemos deciddo hace ya más de dos años, hacer grande a Argentina y al mundo otra vez, apoyyyando sin dudas a quienes trabajan en favor de eso y de la libertad, de nuestra libertad, del mundo libre. A partir de mañana nuestro país le declara formalmente la guerra a Irán y participará con sus fuerzas militares, policiales y guardias de seguridad privados del eje que integramos a través del Board Security encabezado por el grandisísisimo, por el enorme, el magnánimo presidente americano, el señor Donald Trump. Habrá sufrimiento, habrá bajas, pero nada estará más cerca del honor que formar parte de esta batalla necesaria e inobjettturable contra los autoritarismos, contra el wokismo, contra las comunidades de degenerados fiscales y sexuales, y contra todo lo que nos pervierte como sociedad libre y civilirzada. ¡Viva la libertad, carajo! ¡Triunfaremos!
III
μ Presidente, el ataque es inminente, tenemos que ceder, hay que rendirse ahora o nos van a matar.
μ ¡Jamás! Patricia, siempre te dije que esto es hasta las últimas consecuencias, digamos, es vida o muerte, libertad o atraso, digamos, es todo o nada.
μ Yo me rajo, usted vea que hace.
μ Los libros de historia llevarán mi nombre y olvidarán el de quienes actuaron cobardemente como usted, Patricia. Digamos, el honor no se negocia.
μ Los libros de historia no van a poder eludir mi nombre, presidente, estuve en todos los gobiernos que pude.
La legisladora apresuró su huida y cerró la puerta del despacho presidencial que, a esas alturas, era acechado no tanto por agresores externos sino por los frutos de la guerra civil en contra del alineamiento y participación en la guerra mundial. La plaza de mayo era un regadero donde más se amplificaba una consigna que se coreaba por todo el país y que, antes de ser censuradas, se había viralizado en las redes: “No a la guerra, fuera LIBRArtario$”.

