El Tribuno publicó este lunes una noticia sobre un «serio incidente» en una estación de servicio de avenida Bolivia. Contó que un hombre habría sacado un arma durante una discusión por el uso del compresor de aire, que amenazó a otros conductores y que se movilizaba en una camioneta sin patente visible. También reprodujo el testimonio de una mujer que aseguró: «Me apuntó a mí y a mi cuñado». Lo que el diario no contó fue quién sería el protagonista del episodio. Un detalle menor, apenas la identidad del hombre que habría blandido un arma de fuego en medio de una estación de servicio.
La información difundida por otros medios locales señaló a Tomás Calderoni, exfuncionario de la Municipalidad de Salta durante la gestión de Bettina Romero. Su nombre tampoco es ajeno a las noticias: en 2020, trabajadores municipales lo denunciaron por presuntos hechos de violencia laboral, amenazas y abuso de autoridad. Esos antecedentes no prueban ninguna responsabilidad en el episodio del domingo, cuya autoría deberá establecerse. Pero el dato de su posible participación era, cuanto menos, relevante para una cobertura periodística que se propusiera informar sin dejar piezas importantes fuera del cuadro.
Hay que reconocerle a El Tribuno la precisión para describir la camioneta sin patente, el compresor, la fila y hasta los insultos. Lástima que la minuciosidad se haya detenido justo antes de un nombre propio. En Salta, donde los apellidos de la política suelen tener más memoria que los archivos públicos, las omisiones también cuentan historias. Y si alguien efectivamente sacó un arma para zanjar una discusión por el aire de los neumáticos, el problema no es solamente de tránsito ni de modales: es la clase de impunidad que permite creer que un arma puede resolver una fila. La pregunta es por qué, ante un episodio así, el diario eligió contar casi todo.

