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Del Mundial al aula: El avance silencioso de la ludopatía juvenil en Salta

 

Mientras el fútbol se convierte cada vez más en una plataforma de promoción del juego online, crece la preocupación por el impacto de las apuestas deportivas entre adolescentes. En Salta, el fenómeno ya llegó a la Legislatura y expone una discusión más amplia sobre publicidad, regulación estatal y salud mental.

 

Kim Im Porta

 

“Si el mundo quiere venir a cortarnos las piernas, le vamos a demostrar que acá se juega con pelotas”.

La frase no la dijo Diego Maradona. O mejor dicho: nunca la dijo. Sin embargo, durante el Mundial apareció pronunciándola frente a una cámara para promocionar una plataforma de apuestas deportivas. El recurso fue una recreación realizada mediante inteligencia artificial que recuperó la imagen del Maradona joven para transformarlo en portavoz de una campaña comercial.

La publicidad generó una polémica inmediata. Parte del debate giró alrededor del uso de la imagen de personas fallecidas y de los límites éticos de la inteligencia artificial aplicada a contenidos comerciales. Pero rápidamente surgió otra discusión más profunda: el mensaje que se instala cuando una figura deportiva de semejante dimensión simbólica aparece asociada a una industria que hoy está bajo observación por su impacto sobre niños y adolescentes.

La controversia llegó incluso a medios internacionales porque el caso excede el problema tecnológico. El interrogante ya no es únicamente si se puede hacer hablar a una persona muerta, sino qué tipo de discursos se legitiman cuando el deporte se convierte en vehículo para promocionar plataformas de apuestas en uno de los eventos más consumidos del planeta.

En ese contexto aparece una preocupación que viene creciendo en Argentina y que en Salta comenzó a encender alarmas institucionales: el aumento sostenido de la ludopatía infantojuvenil y la expansión de las apuestas deportivas online entre menores de edad.

El Mundial, históricamente asociado al encuentro familiar, la pasión deportiva y los rituales colectivos, comenzó a incorporar una lógica distinta. El partido ya no termina en el resultado ni en el análisis futbolístico. Las transmisiones integran cuotas, promociones, estadísticas para apostar y mensajes que presentan al juego como una extensión natural del espectáculo.

Una generación expuesta al juego antes de la mayoría de edad

Los datos disponibles muestran que el fenómeno dejó de ser anecdótico. Un informe elaborado por el Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina sobre once mil estudiantes secundarios de dieciséis provincias reveló que seis de cada diez adolescentes están expuestos a apuestas deportivas virtuales y que el 16% ya apostó dinero al menos una vez.

La preocupación se profundiza cuando esos números se cruzan con otros relevamientos nacionales. Datos difundidos por UNICEF muestran que uno de cada cuatro adolescentes argentinos reconoció haber apostado dinero real en plataformas digitales y algunos estudios elevan el contacto ocasional con este tipo de entornos hasta el 40%.

Además, el fenómeno presenta rasgos cada vez más definidos. La edad de inicio se ubica entre los 13 y 14 años y la incidencia resulta significativamente más alta entre varones. La apertura de billeteras virtuales desde edades tempranas aparece como una de las principales vías de ingreso, incluso en un contexto donde la participación de menores continúa prohibida por ley.

Distintos relevamientos realizados por organismos vinculados al sector del juego también muestran que aproximadamente el 30% de los adolescentes participó alguna vez en plataformas de apuestas pese a las restricciones vigentes. En muchos casos el acceso ocurre mediante cuentas prestadas, billeteras digitales compartidas o plataformas que operan fuera de los sistemas regulados.

La facilidad de acceso modificó por completo el escenario. El casino dejó de ser un espacio físico y pasó a convivir con las redes sociales, los celulares y los consumos digitales cotidianos. Ya no existe una puerta de entrada visible: el juego aparece mezclado con el deporte, el entretenimiento y los contenidos que circulan todos los días.

Cuando apostar deja de parecer una conducta de riesgo

Los equipos de salud mental advierten que el crecimiento de las apuestas digitales entre adolescentes no puede analizarse únicamente como un problema económico ni como una cuestión de control parental.

Desde la neurociencia se explica que la adolescencia constituye una etapa especialmente vulnerable porque todavía se encuentran en desarrollo áreas cerebrales vinculadas con el control de impulsos, la regulación emocional y la evaluación del riesgo. Esa condición vuelve especialmente sensibles a los estímulos de recompensa inmediata que ofrecen las plataformas de juego.

El resultado empieza a observarse en indicadores concretos. Distintos estudios muestran que el 69% de los adolescentes que participan en apuestas reportó ansiedad o malestar emocional asociado a esa práctica. Cerca de la mitad reconoció alteraciones del sueño y dificultades en el rendimiento escolar, mientras que el 12% declaró haber generado deudas vinculadas al juego.

La dimensión sanitaria también aparece en la demanda de asistencia. Durante 2025 crecieron los llamados a líneas de ayuda por juego compulsivo y organismos especializados registraron un aumento significativo en consultas médicas y psicológicas vinculadas específicamente a la ludopatía digital.

Lo que preocupa a especialistas no es solamente la existencia de apuestas entre menores, sino el nivel de naturalización alcanzado. Muchos adolescentes ya no perciben el juego como una actividad excepcional ni riesgosa. Lo incorporan como parte del consumo deportivo, como una forma de demostrar conocimiento futbolístico o incluso como una estrategia para obtener ingresos rápidos.

Ese cambio cultural explica por qué el problema se vuelve más complejo que una simple prohibición.

Salta debate límites mientras el fenómeno sigue creciendo

En Salta la discusión dejó de estar restringida a especialistas y comenzó a traducirse en iniciativas concretas.

La Cámara de Diputados provincial otorgó media sanción a un proyecto orientado a prevenir la ludopatía infantil y reducir el acceso de menores a plataformas de apuestas online. Entre las medidas previstas aparecen campañas de concientización, restricciones sobre promociones dirigidas a adolescentes y estrategias de trabajo conjunto con escuelas y clubes deportivos.

El debate continúa ahora en el Senado provincial y abrió una discusión que excede el control tecnológico. Algunos sectores plantean avanzar sobre restricciones fuertes a la publicidad y al acceso, mientras otros incorporan una pregunta más incómoda: cuál debe ser el papel del propio Estado en un mercado que también regula y habilita.

En paralelo, desde la Secretaría de Modernización comenzaron a implementarse medidas para bloquear el acceso a sitios ilegales dentro de redes públicas.

La preocupación tiene fundamentos concretos. En la provincia los indicadores replican tendencias nacionales: inicio cada vez más temprano, uso intensivo de billeteras virtuales y fuerte presencia de plataformas no reguladas.

El problema ya no se presenta como una discusión sobre tecnología ni únicamente sobre consumo digital. La pregunta de fondo es otra: qué ocurre cuando una generación empieza a vincular el deporte, el entretenimiento y la expectativa económica bajo una misma lógica de apuesta permanente.

La escena del Maradona reconstruido por inteligencia artificial probablemente funcione como una metáfora de época. No porque una tecnología haya logrado reproducir una imagen, sino porque muestra hasta qué punto el espectáculo deportivo comenzó a mezclarse con una industria que encontró en el Mundial una oportunidad extraordinaria de expansión.

Y en ese terreno, el desafío ya no pasa por proteger el fútbol. Pasa por proteger a quienes todavía están aprendiendo qué significa jugar.

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