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Cuando dormir a la gente es el negocio más despierto de la provincia

Paren las rotativas, guarden el estetoscopio y, por el amor de Dios, consíganse un anestesista de confianza, porque en Salta acabamos de descubrir que el secreto para la felicidad financiera no era invertir en criptomonedas, ni apostar al dólar blue, ni heredar una estancia: era poner jeringas de la buena en el quirófano público.

Resulta que la vocera provincial, Paula Benavides, decidió sacarse la vergüenza del bolsillo y largó la bomba. Agárrense fuerte de la camilla: un selecto club de entre 32 y 40 profesionales de la anestesia se levanta religiosamente un promedio de 8.500.000 (ocho millones quinientos mil) pesitos mensuales. ¡Sí, leyó bien! Menos mal que la funcionaria tuvo la delicadeza de avisarnos que son «los mejores pagos de toda la administración pública», porque si no nos avisaba, capaz que pensábamos que vivían a mate cocido y colectivos de línea.

El arte de dormir con estilo

Mientras el común de los mortales hace malabares para llegar a pagar la factura de la luz a fin de mes, este grupito VIP demuestra que la medicina del sueño no es solo para el paciente. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, la Provincia desembolsó más de 4.100 millones de pesos para mantenerlos contentos y firmes en su puesto… o al menos intentarlo, porque el 90% de estos titanes de la aguja prefiere atender en la clandestinidad dorada de los sanatorios privados.

Y claro, ¿cómo no van a volar a las clínicas privadas si en el hospital público los pobres residentes nuevos todavía están esperando aprender cómo se respira? ¡No los dejan ni arrimarse al quirófano a practicar! Es una hermandad tan cerrada que ni los masones se animan a tanto.

Como los muchachos habían entrado en zona de riesgo y amenazaban con congelar las cirugías de los vecinos de a pie, la Justicia tuvo que meter la cuchara y dictar una cautelar para ordenarles lo obvio: «Che, por lo menos dejen de jugar a las escondidas y atiendan a la gente».

Por suerte, desde el Gobierno ya salieron a calmar a las masas. Prometieron que las operaciones siguen en pie y que habrá nuevas mesas de diálogo para noviembre. Así que ya sabe, querido salteño: si le toca pasar por el quirófano, hágalo con una sonrisa. Al fin y al cabo, mientras a usted le extirpan el apéndice, puede ir pensando en que sus aportes están contribuyendo a que el anestesista local pueda cambiar el auto este mismo mes. ¡Un verdadero orgullo federal!

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