En esta jornada se profundizó la hipótesis que las víctimas fueron ocultadas en el mirador de San Lorenzo. Por primera vez en el juicio se habló de fiestas y barrios privados. Las dudas sobre la investigación inicial siguen creciendo. (Maximiliano Rodríguez)

La tercera jornada de juicio oral por el crimen de Cassandre Bouvier y Houria Moumni arrancó con el sabor metálico que dejan los mariscos en la boca. Es evidente que al arrancar la mañana aún quedaban ecos del día dos. Esa sensación de que la cosa no cierra.

Los familiares de las víctimas -igual que en las jornadas anteriores- debieron esperar casi una hora sobre el horario fijado para que comience la jornada. El debate empezó a las 10 de la mañana. Los tres miembros de la Sala II, Angel Longarte, Carlos Héctor Pucheta y Bernardo Ruiz hasta el momento mostraron sólo un poco de impuntualidad como único defecto. En lo que respecta a su accionar para con las partes, los testigos y todas las personas presentes en la sala de grandes juicios, es verdaderamente impecable. Tanto el Presidente del tribunal (Longarte) como sus dos vocales (Pucheta y Ruiz) hicieron gala durante estos primeros días de una corrección minuciosa. Una muestra de profesionalismo que sólo el tiempo puede otorgar. En este marco, a diferencia de las intervenciones del fiscal, es destacable el aporte de los vocales, con pequeñas intervenciones para consultar a los testigos, logrando el mayor aporte de estos. En igual sentido marcha la conducción del debate que logró alcanzar Longarte. Pese a esta incuestionable dirección impulsada por el tribunal, la sensación en todos los presentes  siguió siendo la misma: la instrucción inicial fue cuanto menos defectuosa. La figura sospechosa de Walter Lasi, padre del principal acusado y dos veces sobreseído por el juez Martín Pérez, se acrecentó con los nuevos testimonios. Casi al mismo tiempo se incrementaron las sospechas sobre un accionar policial reñido con la Ley, y una investigación inicial marcada por la tortura y las detenciones apresuradas, sin llegar a conclusiones básicas como escenas primaria y secundaria del crimen.

¿Por qué entonces el juez insistió en conducir de esta forma la investigación?; ¿por qué ascenderlo –concurso previo- a camarista después?; ¿cuál fue la imperiosa necesidad de sobreseer en dos oportunidades a quien hoy podría aparecer como sospechoso?; ¿qué interés impulsó a condecorar a una policía cuya investigación es a todas luces deficiente?; ¿en qué clase de pruebas se debe basar un juez para dictar prisión preventiva?; ¿Walter Lasi es cosa juzgada, se lo puede volver a detener?  Son estas algunas de las preguntas no realizadas en público -pero sostenidas-, con las que comenzó la tercera jornada de juicio oral. Un juicio que sin dudas marca un antes y después en la historia policial y jurídica de Salta.

 3 x 1

Las primeras tres primeras declaraciones de la jornada se realizaron en apenas una hora. Así se resumirían las declaraciones de Viviana Tobío, Juan Martearena y German Salazar. La primera propietaria de la confitería “El duende”, mientras que los segundos eran mozos de ese local en julio de 2011. La dueña del negocio sólo pudo reconocer el lugar donde las víctimas fueron fotografiadas juntas por última vez. Tobío ubicó en su jardín quizás las imágenes más conocidas de las chicas asesinadas. Apenas 15 minutos duró su testimonio, siendo  la declaración más corta de las primeras tres jornadas de juicio oral. La mujer no recordó el paso de las turistas por su negocio, lo que tampoco pudieron recordar sus empleados.  Uno de los mozos del local, Juan Martearena, también reconoció como el jardín de la confitería el lugar donde Cassandre y Houria fueron fotografiadas por última vez. También su declaración fue en un tiempo reducido. Finalmente el otro mozo del local, Germán Salazar, tampoco pudo recordar haber atendido en la jornada del 15 de 2011 a las jóvenes asesinadas. Si bien logró ubicarlas en el lugar a través de esa última fotografía, no pudo aportar alguna versión de relevancia.

 Bases para detener

El primo hermano de Gustavo Lasi, Reynaldo Daniel Laguna, podía no declarar en base a lo previsto por el artículo 20 de la Constitución Provincial. Pese a esto al ser consultado por el tribunal, asintió con la cabeza, en una clara muestra que sí prestaría declaración testimonial en el juicio. El testigo al ser consultado por el fiscal admitió que Vilte le comentó por aquellos días que intentaba vender un arma, aunque no se la mostró, ni le dijo marca, calibre u otros detalles. Laguna explicó ante todos en la sala que al declarar en aquel momento ante la policía detalló el encuentro y que aún hoy personalmente no lo relaciona con el homicidio. “Cuando lo vi por la televisión me sorprendí. Pensé: capaz que por lo que yo dije, él está ahí (preso)”, explicó Laguna. El testigo relató qué pasó al regresar a su casa tras el encuentro con Daniel Vilte. En su casa él comentó este ofrecimiento a su prima, Paola Gutiérrez, quien finalmente denunció a Daniel Vilte y también a su propio tío, Francisco Tejada, por enemistad con ellos y temor, según la misma mujer relató al tribunal el día dos de este juicio.

En su declaración Laguna incluso desconoció parte de su primera declaración del 1 de agosto de 2011. En ese testimonio en sede policial se fundamentó –además de la confesión espontánea de Gustavo Lasi- buena parte de la detención de Daniel Vilte.  Según el testigo, Vilte nunca usó la palabra “chumbo” al comentarle sobre el arma, tal como figura en el acta policial de su primera declaración. También desconoció haberle dicho a la policía que al momento del encuentro Daniel Vilte tenía olor a alcohol. “Nunca dije eso” afirmó Laguna. Con esa investigación policial comenzaron las detenciones ordenadas por Martín Pérez en 2011. La cronología de los sucesos es escalofriante: Laguna relató el ofrecimiento del arma a su prima. Ella por enemistad y sospechas acusó ante la policía a Vilte y de paso a su tío, Francisco Tejada. La Brigada de Investigaciones detuvo a Tejada y después a Nelson Vilte, para finalmente detener a Daniel Vilte mientras tomaba la sopa en casa de su abuela.

 Vilte, el arma y el careo

“Soy comerciante en venta de aberturas en Av. Tavella”, así definió su ocupación Daniel David Rivadera, uno de los testigos más cruciales del juicio por el doble crimen. Su testimonio confirmó que Daniel Vilte le solicitó que le consiga un arma “para ganarse unos pesos”. El testigo ratifica que Vilte le solicita (el 17 o 18 de julio 2011) el arma “para un amigo”. En este marco el testigo explicó que la solicitud del arma le pareció rara y que por ese motivo hizo un ofrecimiento inaccesible: vale 500 pesos. Si bien no lo dijo explícitamente ante la requisitoria fiscal, el dueño de la compra y venta no quiso conseguir el arma solicitada, para evitar una complicidad futura, quizás en un robo. “Me dijo que era para un amigo y le dije que 500 podía salir, fue para sacármelo de encima”, aseveró. Sin embargo, Rivadera desmintió haberle mostrado arma alguna a Vilte, lo que este había asegurado en la primera jornada de juicio, cuando declaró. Por esta razón, el fiscal –sin oposición de las partes- solicitó un careo, que fue ordenado de inmediato por el presidente del tribunal, Angel Longarte.

El careo se realizó en medio de la sala y Daniel Vilte ratificó que Rivadera le mostró un arma, aunque nunca se la entregó. Cara a cara, Vilte le espetó: “ Dani, por favor decí la verdad”. Rivadera respondió mientras temblaban sus manos sosteniendo el micrófono: “no hermano, no. ¿Qué querés?, ¿que mienta?”. Asimismo, agregó “hablamos de un arma si, pero no te mostré. Hablamos de un arma, era cortita, pero no te mostré”.  El nerviosismo de Rivadera fue notado por el tribunal y todos los presentes. A tal punto que el presidente del tribunal lo consultó en tal sentido. Vilte en cambió se mostró sumamente tranquilo, aunque en un tono suplicante, comprensible para un hombre que lleva dos años preso, proclamando inocencia sobre un doble homicidio. El hecho es irrelevante para la causa en sí misma, pero  fue importante para Vilte en la construcción de su defensa: intentar probar que buscaba un arma para “un amigo piola de Córdoba”.  Una vez finalizado el careo, el testigo se retiró de la sala, dejando el aspecto de alguien que se dedica a algo más que a la venta de aberturas.

 Fiestas VIP

Al igual que en el segundo día de juicio la figura de Walter Lasi volvió a aparecer, pese al sobreseimiento del que goza. También apareció el rumor de las fiestas VIP. Esta vez fue Maximiliano García, empleado de Puma Expeditions, quien describió al padre del principal acusado “el más conocedor del circuito”, porque vivía en el lugar. Incluso recordó haber visto a Lasi padre en la tarde del 15 de julio, aunque no pudo establecerlo contundentemente.  También declaró en el mismo sentido que otros testigos, afirmando que Walter “había momentos en que no estaba. Decía que iba a visitar a la madre que vive allí arriba”. Además agregó que Walter Lasi al estar encargado del mantenimiento del predio podía llevar consigo elementos propios de esas tareas: hacha, machete, pala, pico, etc.

El joven al ser consultado por el tribunal dijo que el día 15 de julio de 2011 no escuchó ningún disparo, y que de haber ocurrido lo habría escuchado desde donde se encontraba, en la entrada del predio. Cabe destacar que ese es el día y el horario determinado (viernes 15 de julio de 2011 entre las 18.28 y 19.50) por la instrucción como el momento en que las chicas fueron ultimadas a tiros. Por lo menos este testigo los disparos no los escuchó.

El joven también trabajó en el lugar el día del hallazgo de los cuerpos, el 29 de julio, y en base a lo que pudo observar de la escena del crimen y siendo consultado por Longarte no dudó en señalar que los cuerpos fueron ocultados en el monte. Su teoría coincide con la apreciación que hicieron los turistas que hallaron los cuerpos. “Ocultados, eso seguro. Arrastrados no lo sé”, fueron sus palabras.

Maximiliano García en 2011 era menor de edad y fue el empleado que registró el ingreso de las víctimas al predio.  Esto lo admitió ante el tribunal. Reconoció su letra en la planilla correspondiente al 15 de julio de 2011, donde se registró el ingreso de las chicas al predio a las 16.23 y el de otras 101 personas durante la jornada. Según esa misma planilla, de 15 no se registró su egreso. Entre las personas de las que no se registró salida, se encuentran Cassandre y Houria. Sin embargo, el testigo especuló que bien podrían haber salido sin registrarse ese egreso, y estimó probable que las chicas pudieran haber salido del predio. El joven recordó la salida por aquellos días de dos chicas que ante la requisitoria del ticket de salida le dijeron “Francia”. Esto ocurrió porque salieron por un lugar distante a 15 metros de la casilla de control. El joven no pudo establecer si fueron Cassandre y Houria estas personas, ni tampoco si fue el día 15 de julio de 2011 cuando esto ocurrió. Si recordó que el horario era cercano a las 19. Siendo consultado por el tribunal sobre lo que pensaba, conociendo el lugar y los hechos posteriores el testigo afirmó que llegó a pensar  –por los rumores escuchados- que las victimas quizás salieron y luego participando de una fiesta VIP (ese fue el término que uso el testigo) volvieron a ingresar al mirador desde un lugar cercano. “Hay barrios que están cerca de la quebrada, donde se hacen fiestas y como el cerro está al lado, a menos de cien metros, quizás fueron al mirador, pero es sólo una deducción” relató ante los presentes. Para ser más gráfico indicó que entre el barrio privado Buena Vista y el mirador, donde aparecieron los cuerpos asesinados, “hay un sendero que se usa”.  Ese fue el fin del tercer día de juicio.

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