Ante la catarata de notas vinculada a Barak Obama, nos quedamos con aquella que habla de la suegra del presidente yanqui y la importancia de la mascota de la familia: el perro Bo.

Marian Robinson, la madre de la primera dama, es la principal mentora de Sasha y Malia, las hijas del presidente de Estados Unidos

Cuando la familia Obama apareció en Cuba, regalando una postal histórica, la presencia constante de otra mujer que salía del Air Force One y que no era Michelle ni sus hijas Malia y Sasha llamó la atención de todos los que seguían el minuto a minuto de ese acontecimiento. Las dudas se disiparon rápido. Se trataba de Marian Robinson, la suegra del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La primera aparición protocolar había sido a fines del año pasado cuando Robinson se sumó a la comitiva presidencial que viajó a China. Sin embargo, esta mujer de 78 años, es una figura clave desde que la familia Obama ocupa la Casa Blanca.

Allí se mudó en el 2010 y la llama «mi casa». Vive en el tercer piso y entre las curiosidades de la intimidad de la familia se sabe que conserva ciertos hábitos de cuando era una modesta ama de casa en el sur de Chicago. «Le gusta ir a comprar ropa a tiendas económicas como Filane ‘s Basement o llevar ella misma sus prendas a la lavandería», revelaba el diario El Mundo.

Sin embargo, el presidente de Estados Unidos y su mujer le confiaron lo más importante que tienen: Malia y Sasha. Robinson tiene a su cargo el cuidado de las chicas y es quien durante años se ocupó de llevarlas y buscarlas del colegio y ayudarlas con todas las actividades extracurriculares.

Fuera de su rol de abuela, Robinson disfruta de la vida que podría llevar cualquier jubilada de clase media acomodada americana. Se la suele ver con una amiga en el hotel Sofitel de Washington, en el restaurante Ici Urban Bistro. Alli cuentan que el plato preferido de la suegra de Obama es el crepe de pollo que acompaña con una copa de vino Sancerre, por lo que paga cerca de 34 dólares.

Para las vacaciones elige irse a Las Vegas con un grupo de amigas, con quienes recorre los casinos. Su historia sería de lo más normal si no fuera porque es la «primera suegra» de Estados Unidos

Malia y Sasha

Malia (17) y Sasha (14) eran muy chiquitas cuando llegaron a la Casa Blanca. La mayor tenía diez y la menor, siete. Con la adolescencia por delante, la principal preocupación de sus padres fue que las niñas tuvieran la vida más normal que les fuera posible tener.

A la cabeza de esa misión está Michelle Obama y su madre Marian Robinson. Más tarde llegó Bo, la «primera mascota», un perro de agua portugués y finalmente, Sunny, otra cachorra de la misma raza.

«Mis hijas son dos chicas normales que viven en la residencia presidencial», dijo Michelle Obama luego de que la revista Time las nombrara en su lista de los 25 adolescentes más influyentes. Durante una entrevista en Live With Kelly and Michael, Michelle consideró que las chicas no pertenecen en esa lista.

«No sé por qué [las incluyeron en la lista]. No son influyentes, sólo viven aquí», dijo Michelle, señalando a la Casa Blanca «No hicieron nada para generar influencia», agregó. Como prueba de cuán normales pueden llegar a ser sus hijas, la primera dama habló un poco de las reglas de la casa. «Están muy auto-motivadas. Siempre hemos tenido reglas: sin pantallas durante la semana, sin teléfonos. Ahora que Malia es más grande, ella es casi independiente porque quiero que esté preparada para la universidad, cuando no voy a estar ahí. Ellas hacen sus cosas, se manejan bien», dijo para cerrar el tema.

Sin embargo, lejos de la «vida normal» que puede llevar cualquier chica de 17 y 14 años, Malia y Saha tuvieron días atrás en su primera cena de Estado con motivo de la visita del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.

Las adolescentes cumplieron estrictamente el protocolo vestidas con elegantes trajes de gala del diseñador radicado en Nueva York Naeem Khan. Cada vestido tenía un valor de casi 20.000 dólares.

Sasha estuvo sentada en la cena junto a la actriz Blake Lively y su marido, el actor canadiense Ryan Reynolds, y Malia compartió la cena con la actriz canadiense Sandra Oh, conocida por su papel en Grey’s Anatomy. Las caras de complicidad de las Obama cuando vieron a Ryan Reynolds durante ese evento dieron la pauta de que conservan la picardía de cualquier adolescente.

Bo, el mejor amigo de los Obama

La primera mascota de los Obama llegó en 2009: un cachorro blanco y negro, regalo del senador demócrata Edward Kennedy. Cuando el presidente lo presentó llegó a bromear con que era el anuncio más importante que había hecho por esos días.

El Washington Post señala que las hijas del presidente decidieron llamar al perro Bo porque sus primos tienen un gato con el mismo nombre y porque su abuelo materno, ya fallecido, tenía el apodo de Didley, como Bo Didley, el cantante de rock estadounidense que murió en 2008.

Desde entonces es el compañero más incondicional de la familia, como se puede ver en este video, que captó el momento en que Bo interrumpe a la primera dama para sentarse en su falda.

Fuente: La Nación