Durante la primera audiencia que se lleva adelante por el femicidio de María Leonor Gine declararon las hijas de la mujer y el padre del principal imputado y nieto de la víctima. Testificó además un sargento de la policía que afirmó que el secretario Benjamín Cruz estuvo ese día en la escena del crimen. Por Andrea Sztychmasjter

El femicidio de la mujer de 70 años ocurrido en una de las principales avenidas del casco céntrico de esta ciudad fue el primero de los crímenes violentos contra una mujer ocurrido en Salta durante el año pasado, a días que se decretara el aislamiento social obligatorio en el país por la pandemia de COVID. Sucedió el 28 de marzo de 2020 cuando las calles estaban transitadas casi únicamente por policías-

Durante la primera audiencia en el juicio que se lleva a cabo contra tres imputados (su nieto, el amigo y una chica trans quienes se abstuvieron de declarar) lejos de demostrar un procedimiento policial acorde a la situación, testigos dejaron especificado que sin razón justificable formal el secretario de Seguridad de la provincia, Benjamín Cruz, se hizo presente en el departamento de avenida Belgrano cuando la víctima yacía sin vida en el piso de la cocina, violando los protocolos básicos de protección de la escena del crimen.

Fue un sargento de la Policía de Salta el primero en ingresar al departamento del primer piso donde María Leonor residía y fue ultimada quien declaró que Cruz se hizo presente en el céntrico edificio alrededor de dos minutos. Entró y fue hasta la cocina, observó el cuerpo y se marchó, manifestó el policía.

El hoy comisario brindó detalles pormenorizados de ese día (color y vestimentas, autos y situaciones entre una de las hijas de Leonor, su hijo y su sobrino) pero al ser consultado dijo no recordar el nombre de otro de los oficiales que ese día actuó ante el hallazgo del cuerpo. “Yo me quedé en la puerta para que no ingrese nadie más”, declaró. El sargento describió que al entrar al departamento “estaba todo normal” y no percibió indicios de robo “yo no vi nada tirado”, dijo. Refirió que mientras se encontraba en el lugar sintió un ruido y vio que de un costado salió un hombre que era el inquilino de María Leonor. Según detallaron al lado de la cocina y separado por una pared de durlok la señora le alquilaba una habitación a este hombre que llamativamente dijo y según el comisario no haber escuchado nada ni saber qué le había sucedido a su locadora.

El sargento manifestó que además de él y otro oficial más “Ingresó el doctor Benjamín Cruz, yo le dije que no podía ingresar porque tenía que seguir un protocolo y me dijo que lo mismo quería ver. Ingresó, observó; le dije que no toque nada porque estaba dejando huellas, me dijo ‘bueno’ y se fue”, manifestó el comisario, y agregó que posteriormente llegó personal de Criminalística y del CIF-.

Fue uno de los abogados del joven Agustín Morales, el cuestionado Matías Adet, quien solicitó al Tribunal que la declaración tomada en sede policial del comisario testigo en un primer momento no sea incorporada “porque es una declaración que no tiene control la defensa”. El Tribunal de juicio no hizo lugar a este pedido por considerar que el informe presentado por el comisario convalidaba su declaración.

Según manifestaron en el salón de grandes juicios, Benjamín Cruz, era conocido de la familia, aunque no dejaron especificado si se trataba de un parentesco o de un vínculo laboral con alguna de las hijas.

Drogas y clase media

Del femicidio de María Leonor Gine impactó su brutalidad como todos y cada uno de los asesinatos contra mujeres en una de las provincias con mayores índices de violencias de género pero también causó conmoción saber qué tan cerca está la clase media local de las redes de narcomenudeo que venden paco y cocaína.

Durante la primera jornada donde testimoniaron las hijas de María Leonor éstas dejaron expreso la gran adicción que poseía el joven que en su momento supo ser un gran deportista del ciclismo.

Las mujeres todas de nombre María igual que su madre declararon estar al tanto de la adicción a los estupefacientes que llevaron a tener que internarlo en diferentes oportunidades, sin buenos resultados. Fue el padre del joven, uno de los pocos que al día de hoy lo visita en el penal donde se encuentra detenido, quien se mostró visiblemente emocionado al relatar que su adicción a  las drogas era más fuerte que su voluntad de abandonarlas. En tanto que fue su madre quien relató que el joven era un excelente deportista que competía en ciclismo “Estaba aburrido porque siempre ganaba”, retrató al contar que junto a su esposo se dirigían en familia a Tucumán para que él pudiera competir. La madre también manifestó que fue su propio hijo hoy imputado por el asesinato de su madre quien le pidió ayuda por sus adicciones: “Si él no me lo hubiese dicho yo no me habría dado cuenta” señaló.

El joven era adicto a la cocaína desde los 14 años cuando se encontraba aun realizando el secundario y según lo declarado por la madre, conoció las drogas en el ambiente del ciclismo. Después de cinco años y varias internaciones para desintoxicación, el joven fue privado de dinero lo que provocó que empezara a vender cosas para comprar droga. Después de la venta de varios celulares, zapatillas y electrodomésticos y al estar sin dinero, el consumo de cocaína recayó en pasta base comprada por lo general en la zona conocida como “el bajo” donde es de público conocimiento se encuentran las “cocinas” y bunkers a la vista de todos.

La llaman «la droga de los pobres» porque es barata y se popularizó en Argentina durante la crisis económica de 2002. La pasta base de cocaína hace estragos entre los jóvenes “marginados”, pero también la clase media y los adultos la consumen, aunque con más sigilo. La pasta base, también conocida como paco, es una droga de bajo costo similar al crack elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico o kerosene y que en ocasiones suele mezclarse con cloroformo, éter o carbonato de potasio. Combinada con pastillas como clonazepam y alcohol, no solamente es sumamente nociva sino altamente adictiva.

20 mil dólares, 9 mil euros

Durante la jornada de juicio, las hijas de la víctima relataron que María Leonor poseía dos cajas fuertes en el departamento de avenida Belgrano, aseguraron que además de su jubilación la mujer vivía de dos alquileres y poseía ahorros que se encontraba juntando para irse a vivir a España.

Fue una de las hijas quien declaró que su madre le pidió que la ayudara a contar el dinero que guardaba en una de las cajas fuertes, la mujer aseguró que pudieron contabilizar 20 mil dólares, 9 mil euros, más algunos reales y bolivianos.

Requisitoria Fiscal

En la sala estuvieron presentes los tres imputados. Agustín Morales (21), nieto de la víctima, llegó al juicio acusado por homicidio agravado por el vínculo, ensañamiento, alevosía, criminis causa y por haber mediado violencia de género, en perjuicio de María Leonor Gine, en concurso real con violación de medidas dispuestas por la autoridad competente para impedir la propagación de una pandemia.

Federico Leonardo Detzel (30) y Tania Rocío Aguirre (30), en tanto, fueron imputados por homicidio agravado por ensañamiento, alevosía, criminis causa en perjuicio de María Leonor Gine, en concurso real con violación de las medidas dispuestas por la autoridad competente para impedir la propagación de una pandemia.

Está previsto que el juicio se extienda hasta el 30 de julio. Se lleva a cabo con tribunal colegiado integrado por los jueces María Gabriela González (presidenta), Carolina Sanguedolce y Pablo Farah (vocales), vocales de la Sala III.

Por el Ministerio Público interviene la fiscal penal de la Unidad de Femicidios, Mónica Poma. La defensa técnica de los acusados es ejercida por Eduardo Sángari, de la Unidad de Defensa Pública 3 (Federico Detzel), Horacio Morales y Matías Adet (Agustín Morales) y Gabriela Arellano y Pablo Tobío (Tania Aguirre). En la parte querellante interviene Marcos Luis Gorriti.

Una tía no quiso que Agustín entrara al departamento

“La tía mala” como se autodefinió una de las hijas de María Leonor y quien junto a su hijo acudió al departamento el día del hallazgo declaró que fue ella quien impidió que el joven ingresara al edificio. La mujer, funcionaria del Ministerio de Salud, manifestó que por temor a la pandemia y porque no sabía en donde había estado su sobrino, le negó que el joven subiera al departamento a ver qué había pasado con su abuela que no atendía el teléfono”.

Fue un amigo de Agustín quien alertó a su madre que el joven lo había ido a ver a su casa y se encontraba en un estado complicado. La madre se comunicó con una hermana y allí acudieron al edificio en la mañana del hallazgo del cuerpo. Agustín junto a su amigo habían sacado la camioneta de Leonor y fueron interceptados por su tía que se dirigía a buscar una llave para poder ingresar al departamento. María Leonor no atendía el teléfono, había dejado las persianas arriba como no acostumbraba hacerlo antes de irse a dormir y todo era un interrogante. Más sabiendo, tal como lo manifestaron sus hijas, que la abuela y el nieto se amaban profundamente y mantenían un vínculo entrañable.

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