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Caso Gimena Bernasar: Amenazas, drogas y maltratos

 

Los investigadores policiales y fiscales aseguran que la mataron y luego simularon la escena para instalar un suicidio. Aunque la hipótesis es la misma el juicio comenzó con otro imputado. Por Andrea Sztychmasjter

La ventana de la habitación del barrio Leopoldo Lugones en la zona norte de esta capital en donde vivía José Humberto Nieva de 23 años -sindicado como el asesino de la joven madre Gimena Bernasar de 24- estaba abierta. La amiga de la joven con quien ella compartió las últimas horas de vida, corrió la cortina, vio que la luz del baño estaba prendida y pensó que Gimena estaba adentro: “Negra ¿qué vas a hacer?” le preguntó si ya salía. No hubo respuesta. Afuera en el auto se encontraba un amigo. La amiga volvió al vehículo y se fueron sin Gimena.

Esa noche antes de ser hallada muerta en la habitación que alquilaban con su entonces novio hoy imputado como su asesino, Gimena había estado en un bar y luego dando vueltas por la ciudad en ese auto. Fue el propio Nieva quien la llevó hasta la casa de su amiga; se despidieron con un beso. Las amigas se plancharon el cabello y se alistaron para una noche más que desconocían sería la última que compartirían de su prematura amistad.

Eran como las 7 de la mañana, esa noche se había hecho día y Gimena pedía a su amiga que la llevaran hasta el lugar donde alquilaban. Eso hicieron. Nieva se aprestaba a irse a trabajar. Lo encontraron en el trayecto. Gimena le pidió las llaves. Nieva se enojó, le dijo que se vaya a la casa de su mamá que no la quería ver. Que era una “cualquierita”. Gimena entró a la habitación, le dijo a su amiga que entraba a buscar unas cosas. Entró pero no volvió a salir.

Según declaró su amiga en una de las audiencias que se lleva a cabo en el salón de grandes juicios había conocido a Gimena hacía unos 9 meses por otra amiga en común. Según dijo “vivía en una nube de p, vivía en mi mundo”. Eso significó que no alertó nada de lo que después sucedería de esa última noche y día que se vieron.

La investigación inicial a cargo de la Fiscalía -después del 22 de junio de 2019- cuando la joven Gimena fue hallada muerta por su entonces pareja, señaló como presunto responsable no ha quien está detenido sentado en el banquillo con custodia policial acusado por el delito de homicidio doblemente calificado por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género. El primer sospechoso del asesinato para la Fiscalía fue Pedro Pablo Pardo.

Según sostenía la fiscala Simesen de Bielke, Pardo había sido la última persona que se contactó con la víctima, a quien avisó que iría a verla al inquilinato de zona norte. Según presumían los investigadores en esa etapa inicial, Pardo era quien habría terminado con la vida de la víctima y luego, montó una escena para hacer creer que se quitó la vida. Hoy los investigadores policiales, la Fiscalía y la querella sostienen que eso es lo que sucedió pero el autor no es Pablo Pardo sino José Humberto Nieva.

“Se evidenció una conducta desinteresada en el resultado de su accionar y su actitud evasiva”, sostenían en el pedido de preventiva para con el entonces acusado Pedro Pardo, hoy sobreseído y ni siquiera llamado a declarar como testigo y señalaban que éste “se movería en un ambiente delictivo relacionado al consumo de estupefacientes”.

En octubre de 2019 la fiscala de Bielke, al tomar conocimiento del traslado del imputado Pardo a Córdoba, pese a la prohibición de salir de la provincia impuesta por el juez de Impugnación Pablo Mariño, solicitó al Juzgado de Garantías interviniente la declaración de rebeldía y que se ordene su inmediata captura y orden de detención nacional e internacional. Según había manifestado la madre de Pardo, se lo había llevado a realizar un tratamiento de rehabilitación a las drogas.

Notas anónimas, mexicaneada y evasión

Durante la cuarta jornada del juicio que se lleva a cabo por el femicidio declaró uno de los cinco hermanos que la víctima tenía. Franco Javier Bernasar el hermano mayor de Gimena había protagonizado una pelea con la joven y tenía una exclusión de hogar por ello.

Fue la defensora oficial de Nieva de la UDP 1, Martha López, quien le consultó al hermano si había recibido una nota anónima a su domicilio donde le decían que a su hermana la habían matado por una “mexicaneada” de drogas. El joven respondió que sí pero que esa nota no tenía nada que ver con lo que le había pasado a su hermana. “Creo que la investigación ya demostró que no tiene nada que ver”, declaró el joven.

-¿Usted fue acusado alguna vez por ventas de droga? Le consultó la defensora.

-No, respondió el hermano.

-¿Alguna vez se le hizo un allanamiento en su domicilio por drogas?

-Sí, dijo el hermano.

-¿Usted alguna vez recibió una amenaza?

– Sí

Luego que la defensora hiciera mención a los problemas con venta de droga que tenía el hermano de la víctima y la amenaza anónima, la abogada le consultó:

– ¿Usted conoció gente de otros países que tenían problemas o estaban relacionados a las drogas?

-El joven dudando se dirigió al juez Pablo Farah y le señaló: “Permiso señor fiscal pero creo que esa pregunta no refiere al tema”.

-Usted responda, le dijo el juez

– Sí, si conocí a personas de otros países pero como le digo no sé a qué viene el tema.

La defensora tuvo que explicar que no podía dejar de lado una denuncia documentada en la investigación fiscal, que ese era su rol. Indagar para poder llegar a la verdad real de lo que pasó con Gimena.

Por el contrario, la fiscala Mónica Poma al momento de consultarle al testigo quiso dejar descartado que “los problemas con drogas y delincuenciales” que el joven había afrontado tiempo atrás tuvieran algo que ver con la muerte de su hermana. En esa línea evidenció los problemas de violencia que la pareja tenía.

-“Yo sabía que algunas veces se hacían cagar”, dijo el hermano.

Fue uno de los abogados querellantes, Juan Pablo Ochoa, quien le consultó: “¿cómo es que se hacían cagar?”, el joven respondió que su hermana era reservada y no contaba mucho.

Según se desprendió de los testimonios, el hermano de Gimena y la entonces pareja de ella hoy imputado, eran conocidos del barrio desde hacía un tiempo antes que ellos comenzaran una relación. También se desprendió que lxs jóvenes veinteañeros eran consumidores de cocaína. ¿Quién le facilitaba esa droga y a quien se la compraban y a cuánto? Es algo que según mencionaron no compete a este juicio.

Gimena meses antes de su asesinato había perdido un embarazo por lo que la pareja afrontaba un momento de duelo. Según algunos testigos cuando el joven Nieva al llegar del trabajo dijo haber hallado a la víctima tendida en la habitación en donde habían compartido los últimos meses, éste salió corriendo diciendo que la joven que tenía un cinto atado a su cuello se había suicidado.

El joven que llegó a juicio detenido corrió a buscar a su tío para contarle y éste a 100 metros casualmente se cruzó con un móvil policial que “realizaba patrullaje”, por lo que inmediatamente dio aviso. Según declaró este tío, al llegar al inquilinato vio como un efectivo policial le decía a Nieva: “Sentate ahí, mirá lo que has hecho”, mientras el joven obedecía sentándose en el cordón de la vereda.

El fiscal penal 3 de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Rodrigo González Miralpeix, fue el primero en tomar la investigación del caso, posteriormente fue el fiscal penal 2 de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Ramiro Ramos Ossorio, quien imputó a Pablo Maximiliano Nieva como autor del delito de partícipe necesario y a Ruth Alejandra Loaiza como partícipe secundaria del mismo delito.

Al culminar la primera semana de juicio, la fiscala Mónica Poma solicitó ampliar la acusación contra Pablo Maximiliano Nieva (27) y Ruth Alejandra Loayza (29) añadiendo las figuras del encubrimiento agravado y el falso testimonio.  El jueves 16 se escucharán las últimas declaraciones testimoniales y el viernes 17 se realizará la audiencia de alegatos.