En Cosquín, Urtubey volvió a insistir en sus chances presidenciables. Lo declaró al diario La Voz del Interior aun cuando sus chances reales deberían inclinarlo a anular sus ansiedades. La estrategia parece reducida a las bravuconadas estridentes para ver si logra ser el segundo de alguien.  

La declaración de Urtubey aparecieron en la edición del domingo del  principal diario cordobés. Cuando el cronista le consultó si aspiraba a la presidencia de la Nación, Urtubey no dudo en responder de la siguiente manera: “Claro, me gustaría serlo. Me gustaría participar en las primarias y que podemos competir y la gente decidir. No obstante, no se debe cometer el error de poner el carro delante del caballo. Pretendo un país netamente federal, en nuestra provincia con un presupuesto bajo, el 40 por ciento es para educación. A través de los años, sólo hubo buenas intenciones para los pueblos originarios, por 200 años la Argentina ha sido desigual. De lo que no tengo dudas es de que profundizaría este modelo”.

Los entendidos no se sorprendieron por las declaraciones. Reconocieron en ellas a la típica tibieza con la que Urtubey se refiere al kirchnerismo (declaró que es “Soy parte de un modelo, de un proceso, pero todos tenemos matices. Creo en la continuidad de las políticas de Estado, pero hay distintas etapas todos los días, por eso pienso que se debe evitar la sobreactuación”). Lo más importante, sin embargo, radica en las nulas chances para encabezar una formula expectable ante la emergencia de figuras sólidamente instaladas en la escena nacional. El proceso de castidad presidencial tiene ya sus años. Empezó en abril del 2011 cuando por unos meses Urtubey sí parecía presidenciable ante los resultados electorales de la provincia que lo reeligió gobernador con un 57% de los votos.

Pero los discursos autocelebratorios duraron poco. Y es que ese impactante 57% de los votos de abril pronto se esfumaron cuando los gobernadores que ataron sus destinos al gobierno nacional sacaron porcentajes aún mayores: Capitanich en Chaco alcanzó el 66,56% de los votos; Alperovich en Tucumán también alcanzó el 66%; Beder Herrera en La Rioja araño el 70%; Maurice Closs en Misiones también llegó al 70%; Scioli en la estratégica Buenos Aires araño el 50%. Por el espacio antiK del justicialismo la mergencia de Sergio Massa lo dejó sin chances; mientras por el espacio antiK no justicialista Mauricio Macri y otras figuras como Hermes Binner y sus charlas con el radicalismo los dejan sin chances.

La estrategia, entonces, parece reducida a las bravuconadas estridentes para ver si logra la “gran Romero” del 2003: ser el segundo de alguien en una fórmula presidencial. Estrategia que tampoco está asegurada, razón por la cual ya lanzó su candidatura para otra re-re-elección presidencial.