¿Bésame mucho o ni me toques?

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En plena emergencia por coronavirus donde se insta al alejamiento corporal, ¿en qué lugar quedan los besos? Ayer la escritora Beatriz Sarlo mencionó que «los argentinos vamos a dejar de darnos besos» .

 

Históricamente se concebía que las prostitutas no besaban, otras historias como la de Blancanieves asimilaban un beso a la salvación de un “príncipe azul”  que la despertaba y así vivirían felices hasta la eternidad. Los besos siempre han formado parte de nuestro acervo cultural.

Disney inmortalizó la recordada escena de Blancanieves: ella cae en un sueño profundo y eterno por comer una manzana con veneno que le dio la Reina Malvada. Mientras yace en un ataúd de cristal que los Siete Enanitos le prepararon, un príncipe azul la besa para despertarla y vivir felices hasta la eternidad.  “Las prostitutas son mujeres que nunca besan en la boca ni con lengua” es una frase que hasta el día de hoy suele escucharse. Los besos siempre se han encontrado como parte viva de nuestra historia cultural y social. En Argentina existe la costumbre de besar a todxs para saludar así sea un/a desconocida/a.

Hace más de 10 años en una columna titulada “El beso argentino” la periodista  Cecilia Absatz hacía alusión a esta práctica y reseñaba una propuesta del filósofo Tomás Abraham que publicó en un blog un artículo llamado “Bésame poco”, donde concentraba su protesta en los besos de saludos entre el género masculino.

“Los besos son, por cierto, contactos muy agradables con amigos y familiares, la gente a la que uno quiere. Pero cuando se trata de un perfecto desconocido el beso parece un gesto algo extremo desde el punto de vista estrictamente territorial. Es una forma de acercamiento que compromete asuntos tan privados como el aliento del otro, el olor de su ropa, la piel de sus labios, y muchas veces el pelo largo de algunas mujeres que tiende a caer indiscreto entre las dos mejillas. Un beso apurado, de esos que ocurren cuando el recién llegado debe besar a toda la concurrencia, puede accidentalmente golpear un pómulo y hasta romper el cristal de una gafa sin montura. Los niños son torturados con los besos que sus padres los obligan a dar a personas que no conocen y más aún con los que reciben sin que nadie los proteja de labios pintados y ajenos” sostenía la periodista en aquella columna.

En plena emergencia por coronavirus donde se insta al alejamiento corporal, ¿en qué lugar quedan los besos? Ayer la escritora Beatriz Sarlo mencionó que «los argentinos vamos a dejar de darnos besos»

A propósito de esto una anécdota protagonizada por el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica el año pasado mostró su reticencia a los besos de desconocidos: “Beso no”, le dijo el ex mandatario a una mujer que le pedía saludarlo con uno.

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