Hace un año un policía disparó por la espalda de Juan Estrada. Hoy el joven está parapléjico y el efectivo en libertad. Este es el caso de gatillo fácil que retrata el accionar policial en las barriadas salteñas. Cuarto Poder habló con el padre del muchacho. (M.A.)

10 de marzo del 2013. El celular sonó. Era Anabela, su hija. Lloraba.

– ¿Papá?

– Sí ¿Qué pasa?

– Al pelado, la policía le pego un tiro, está tirado en calle, dijo Anabela… y su voz se desplomó.

– ¿Quién le pegó un tiro?

– ¡La policía! una bala de plomo tiene. . .

Apenas escuchó esto interrumpió el festejo de cumpleaños de una de sus hijas. Juan Estrada estaba en barrio Mosconi, en casa de su madre, a 15 minutos del barrio Juan Manuel de Rosas. Salió nervioso, con prisa: no estaba seguro sí aquello había sucedido. “Salí sin pensar a buscar un taxi, no me imaginaba la situación. Hasta que encontré un auto y llegué, pasó más de media hora. Todavía estaba en medio de la calle mi hijo”, contó el padre del joven Juan Daniel Estrada, baleado por la policía el año pasado.

En el norte de la ciudad de Salta llovía. Era martes, pasadas las 11. Sobre la calle Cafrune estaba tirado Juan Daniel. Su sangre brotaba desde la espalda armando un charco que llegaba hasta la vereda y se mezclaba con el barro.

Minutos antes, había estado sentado mirando un partido de Boca por televisión. “Por los ruidos que escuchaba salió a ver qué pasaba”, dijo su padre Juan René Estrada.  Y señaló que “como hay un techito en la esquina de mi casa, estaban unos pibes cubriéndose del agua; ahí aparecieron los policías del 911, que iban a comprar  a la sandwichería Urkupiña y  le dijeron que se retiren, pero los chicos no le llevaron el apunte, entonces se hicieron los prepotentes y le gritaron ¡pendejos no se hagan los cancheros porque los vamos a cagar a tiros!”.

Efectivamente, una lluvia de balas vino después. Cuando llegó su padre vio que le habían sacado la remera. El cuerpo de su hijo yacía sobre la calle de tierra. Tenía un proyectil de plomo que había sido disparada a quemarropa. “La bala le impactó cuando él estaba viendo lo que pasaba. Vio cómo le apuntaron al pecho para matarlo. Apenas pudo se dio vuelta para correr pero se desplomó en el acto. Esperoó 45 minutos a que llegue una ambulancia”, rememoró.

Juan René Estrada tiene 47 años, 12 hijos y se gana la vida con el oficio de tornería. Relata en voz baja, se lo nota macilento, con pocas expectativas en lo que puede suceder con el caso de su hijo. Cuenta que en ese momento Juan tenía 18 años, que jugaba al futbol en torneos barriales, iba a la cancha a ver a Central Norte y que conseguía unos pesos haciendo changas de electricista.

Fuck the Police

Los policías andaban dando vueltas por esos lados y pararon porque querían comer algo. José Waldino Figueroa era uno de los que se trasladaban en el móvil 103 del 911; sería, luego, el principal sospechoso de haber disparado con su 9 mm. “Testigos señalan que iban todos borrachos y que Figueroa le apuntó a mi hijo”, afirmó Estrada.

Figueroa tiene 27 años y el año pasado integraba las filas de la comisaria de 17 de octubre. Según el informe Psicológico realizado por Sonia Juri, el oficial ingresó a la institución para conseguir “un salario estable que satisfaga las necesidades básicas de la familia” y que “para satisfacer su necesidad de ocupar un lugar social y contar con un puesto laboral puede asumir riesgos perjudiciales para sí y terceros”.

Está imputado por Lesiones Gravísimas Calificadas en una causa a cargo del Juzgado de Transición de Tercera Nominación. Se encuentra en libertad y solo tiene que presentarse una vez por mes. Tras la salida del juez Pastrana, actualmente está a cargo José María Alvarado Solá. Además, está involucrado el sargento Juárez y un aspirante a cadete.

Impunidad a dos manos

Estrada es un hombre desconfiado de la justicia, sin dudar, tira datos que abren interrogantes y  asegura: “La investigación es muy dudosa; poco tiempo estuvieron presos. Los testigos no sólo cuentan cómo le dispararon sino que indican además que estos policías estaban alcoholizados. Hay algo raro: ese día le hicieron estudios en la sangre y no se conocieron los resultados, hasta 8 meses después”.

Luego de un año, el joven Juan Estrada, con 19 años, se encuentra parapléjico. “Los médicos señalaron que le cortaron la medula, nunca más podrá caminar. Se necesitan muchos medicamentos, usa pañales y sonda. Lo tenemos que ayudar en todo: para que se cambie, para que se bañe”, comentó.

Su padre exige justicia y advierte que la conducta de los efectivos  no cambió por las ríspidas calles del norte de la capital. “Los chicos no pueden estar  mucho tiempo afuera porque la policía pasa y los levanta o los provocan, tienen una conducta represiva, hay otros casos donde a pibes le sacaron un ojo y quedan molidos a golpes”, indicó y finalizó: “Esta gente no puede estar en libertad porque son asesinos en potencia. El gobierno no quiere que se vea cómo es su policía”.

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