El presidente de la Cámara de Diputados, Esteban Amat, enfrentó una semana
de vértigo: tres diputadas reclaman la vicepresidencia como si fuera un premio asegurado, mientras él intenta mantener la calma y sobrevivir al vendaval político.
Lo que ninguna sabe, es que la vice ya está comprometida para alguien que trabajó de manera dinámica y colaborativa con la Presidencia.
El presidente de la Cámara de Diputados, Esteban Amat, pasó una semana que ningún médico le recomendaría repetir. Acostumbrado a la calma, al mate conversado y a la política sin estridencias, terminó convertido en árbitro involuntario de una pelea que parecía un casting para telenovela: tres diputadas reclamando la vicepresidencia como si el sillón fuera la última oferta del Black Friday.
La salida de Gladys Paredes, figura respetada por su trabajo y por su aporte al sistema de salud del norte, dejó una vacante que, lejos de llenarse con consenso, abrió las compuertas a un vendaval de ambiciones. Y claro, cuando el río suena… es porque hay tres legisladoras discutiendo en voz alta en la oficina de la presidencia.
Quienes trabajan en la Cámara dicen que esta semana se escuchó de todo: tonos elevados, reclamos cruzados y hasta el clásico “porque me corresponde”. Nada que en política sorprenda, pero sí que llame la atención cuando el eco llega hasta el hall central.
El desfile arrancó temprano y terminó tarde. Y Amat, pobre, tratando de mantener la cortesía mientras agotaba la reserva provincial de paciencia.
La autoproclamada eredera universal
La primera en caer fue Socorro Villamayor, siempre con la bandera del saencismo bien alta. Tan alta que, aun sin votos para seguir en la Cámara, en 2023 terminó adentro tras la renuncia “oportuna” del primer candidato, Carlos Morello, quien recibió como premio consuelo a cambio de la maniobra, la titularidad de la UPATECo.
Villamayor pidió la vicepresidencia con la seguridad de quien cree que ser oficialista equivale a tener moneda de curso legal dentro del recinto. Defiende al Ejecutivo con más fuerza que un partidario en año electoral y empuja proyectos con una velocidad que ni los propios legisladores pueden leer. Desde ahí exige el sillón: “me toca”, básicamente.
La victoria como argumento
La segunda en reclamar fue Mónica Juárez, periodista, comunicadora, oficialista funcional. A diferencia de Villamayor, ella sí ganó en las urnas, y con buenos números. Y ese detalle lo convirtió en argumento central: si ganó, merece.
La diputada nunca dudó en poner a prueba a Esteban Amat: en declaraciones públicas lo dejó claro, cuestionando su capacidad para el cargo y afirmando que encabezó de manera torpe la función para la cual fue designado. Además, señaló que sintió una notable falta de compasión y acompañamiento por parte de sus colegas.
Problema: en política, ganar no siempre iguala a ascender. Pero Juárez igual tocó la puerta, entró y dejó claro que ella también quiere el sillón.
Y cuando quiere, se nota.
Oficialista… o lo que quede de eso
La tercera fue Laura Cartuccia, que tiene el mérito de ser oficialista sin que nadie pueda explicar exactamente de qué oficialismo. Se alió al sector de Sergio Leavy, perdió todo lo que podía perder, y aun así volvió a la Cámara con una voz crítica que incomoda incluso al propio Ejecutivo: denuncia a la obra social estatal, critica la intervención, y al mismísimo ministro de Salud.
Con esa trayectoria zigzagueante, también exigió la vicepresidencia. Porque si algo sobra en la política salteña es confianza en uno mismo.
Tres caminos, un sillón y un presidente con dolor de cabeza
Las tres diputadas aseguran tener razones sólidas, todas distintas, todas válidas… para ellas.
Lo único común es la convicción de que la vicepresidencia les corresponde por derecho divino, institucional o emocional.
Mientras tanto, Amat carga con el peso de haber escuchado, calmado, atendido y probablemente prometido sin prometer. Y si no prometió, peor: el lunes puede que alguna descubra que luchó por un sillón… que nunca estuvo reservado para ella.
El lunes, la verdad
La Cámara definirá autoridades el lunes.
Ahí veremos si Amat logró salir indemne, repartió tranquilidad… o terminó haciendo malabares políticos como equilibrista en el circo legislativo. Por ahora, la vicepresidencia sigue vacante, pero el calor del sillón dejó claro que hubo fila, pases de factura y gritos… muchos gritos, suficientes para despertar al vecindario.
Sin embargo, la balanza ya apunta hacia alguien que trabajó codo a codo con Amat, fue leal y, sobre todo, no le dio ningún dolor de cabeza. Las otras diputadas, en cambio, deberán conformarse con la vice segunda, para quién será?

